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Felipe González asume el federalismo asimétrico que propugna Pasqual Maragall

Felipe González compaginó ayer en Barcelona la expresión de sus temores por la quiebra de la cohesión interna de España con una abierta defensa de la evolución federalista del modelo constitucional, como propugna Pasqual Maragall. El ex presidente del Gobierno afirmó que el federalismo ha de ser asimétrico, "porque si fuera simétrico sería homogeneizador y excluyente de la diversidad". No fue ésa la única coincidencia con Maragall. Como el ex alcalde, González hizo también una encendida defensa de los empresarios que crean empleo.

La intervención de González en el foro de Tribuna Barcelona provocó la concentración de gran número de dirigentes y militantes socialistas, encabezados por el citado Maragall y el primer secretario del Partit dels Socialistes (PSC), Narcís Serra. La presentación del orador -que llegó con 45 minutos de retraso y pidió por ello excusas "en nombre de Iberia"- corrió a cargo del alcalde de Barcelona, Joan Clos. El ex presidente hizo una proclamación de fe en lo que denominó "la biodiversidad cultural e identitaria" de España. La aceptación de esa diversidad "vale para España y vale para Europa", afirmó. Y para que florezca en España sirve la Constitución vigente. Aunque admitió que contiene un Senado contradictorio con este modelo. En esta defensa de la pluralidad identitaria de España, González se desmarcó incluso de aquellos a los que en su propio partido "les parece peligroso que en el Senado se expresen todas las lenguas de España", o que se edite en ellas el Boletín Oficial del Estado. El problema en la reestructuración del Estado en curso en España desde la entrada en vigor de la Constitución "no es la cantidad de poder que se reparte, sino su calidad". El ideal debe ser, afirmó, que cada uno pueda expresar su identidad sin que se pierda la cohesión del conjunto ni la eficacia. Derechos González sostuvo que la lengua es en Cataluña un factor de identidad y de diferencia, pero no el único. Lo son también la tradición histórica, las instituciones, el derecho civil, incluso la policía autonómica, dijo, "pero lo importante es la cualidad" del poder de que se dispone. Y el límite, "recordar que tenemos unos derechos que deben ser satisfechos por igual" cualquiera que sea la identidad de los ciudadanos. Sin embargo, la asunción del pluralismo identitario no debe llevar, según González, a creer que a las puertas del siglo XXI es posible construir una Europa sobre la base de 125 nacionalidades como defienden los nacionalistas de Convergència i Unió (CiU) y sus aliados. El Estado nación va a durar mucho tiempo porque es imprescindible, advirtió. Lo es también para construir Europa. Explicó que con 15 países en la Unión Europea empiezan a romperse ya las costuras de su traje. Se ha hecho muy complicada y difícil la toma de decisiones, y más lo será cuando se amplíe a 25 miembros. "Si lo que queremos es que 125 regiones puedan participar en la toma de decisiones", dijo, "entonces es que no queremos que Europa funcione". Es cierto, agregó, que Luxemburgo, con 350.000 habitantes, participa en la toma de decisiones y en cambio Cataluña, con seis millones, no puede hacerlo. Y que van a entrar países pequeños, como Lituania, Letonia y Estonia. "Pero también a Baviera le sucede lo que a Cataluña", dijo. González intervino por la tarde en un acto organizado por la Fundación Rafael Campalans, del PSC, para presentar los trabajos de la Comisión Progreso Global, un órgano de reflexión vinculado a la Internacional Socialista que pretende contribuir a la renovación del pensamiento progresista y adaptarlo a la globalización. González advirtió que el reparto de la riqueza en el mundo es "cada vez más desigual" y consideró fundamental establecer un nuevo "paradigma" progresista para hacer frente a los retos de la globalización, que a su juicio debe basarse en la sostenibilidad. El ex presidente habló ante unos 250 simpatizantes, que le recibieron con gritos de "¡Felipe!" y "¡presidente!". González afirmó que tiene "un compromiso ético con la realidad y su transformación", y se desmarcó tanto del "fundamentalismo excluyente" que a su juicio supone el pensamiento único como del "relativismo descomprometido". Por la noche, cenó en casa del empresario Pere Duran Farell con un reducido grupo de personalidades del mundo de la política, la cultura y la empresa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 18 de mayo de 1999

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