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EEUU "certifica" la lucha antidrogas de Colombia y México por razones políticas

La concesión anual del certificado de buena conducta en materia de lucha contra las drogas se ha convertido en una pesadilla para la Casa Blanca. Los países latinoamericanos no comprenden por qué su poderoso vecino del norte se arroga ese derecho, pero el rito se repitió ayer. Como había adelantado Bill Clinton en su reciente viaje a México, el vecino meridional de EEUU recibió un aprobado que fue muy discutido. La voluntad de ayudar al presidente Andrés Pastrana llevó a Clinton a conceder el certificado también a Colombia.Paraguay, en cambio, fue suspendido, pero la Casa Blanca, "por razones de interés nacional", decidió congelar la aplicación de las sanciones económicas y comerciales que lleva aparejada la llama descertificación. Paraguay, según EEUU, se ha convertido en un lugar estratégico para el contrabando de estupefacientes y productos utilizados en su fabricación. Perú y Bolivia fueron aprobados sin la menor controversia.

Desde 1986, en la época de la presidencia de Ronald Reagan, la Casa Blanca debe presentar al legislativo un informe en el que otorga certificados de buena o mala conducta en materia de producción y tráfico de drogas a 28 países. Ese informe ha terminado por convertirse en un engorro para el Gobierno, deseoso de profundizar las relaciones económicas y comerciales con América Latina. México, de hecho, es el segundo socio comercial de EEUU, pero también es el principal camino de entrada de las drogas en la superpotencia. Al final, y a pesar de este hecho, la Casa Blanca opta cada año por darle el aprobado. Así ocurrió también en 1997, pese a la detención del principal responsable de la lucha mexicana contra las drogas, el general Jesús Gutiérrez Rebollo, que resultó estar a sueldo de un cartel

Protestas internas

La nueva concesión del certificado a México se aprobó a pesar de las protestas de varios responsables norteamericanos de la lucha contra los estupefacientes. Éstos habían advertido a la Casa Blanca de la corrupción policial en México, incluso dentro de las unidades especiales creadas para luchar contra el narcotráfico. Thomas Constantine, jefe de la DEA (Agencia Antidrogas estadounidense), fue más lejos y aseguró que los traficantes mexicanos "dominan el mercado de drogas en EEUU" y denunció que el Gobierno mexicano hace muy poco para detener a los grandes barones narcos.

Colombia también obtuvo un aprobado interpretado en Washington como un gesto para consolidar la situación de su nuevo presidente, Pastrana. Ese país fue suspendido en 1996 y 1997 como represalia contra su entonces presidente, Ernesto Samper, acusado de haber aceptado para su campaña varios millones de dólares procedentes del narcotráfico. Ahora, aunque los expertos de la DEA afirman que 1998 se caracterizó por "una subida explosiva" del cultivo y manipulación del opio y la coca en Colombia, la Casa Blanca ha optado por dar a Pastrana un balón de oxígeno. "El mecanismo de certificación es puramente político", dijo ayer Michael Schifter, de Diálogo Interamericano, grupo independiente de Washington. "Cuando no nos gustaba el Gobierno de Colombia, lo suspendíamos, pero ahora que nos gusta su nuevo presidente, lo aprobamos". Ese sentimiento dominaba ayer en EE UU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de febrero de 1999

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