La ola de protestas en Irán deja varios muertos y cientos de detenidos en su primera semana, según las organizaciones sociales
La policía se despliega en las ciudades para intentar frenar las mayores manifestaciones de los últimos cuatro años

La ola de protestas que sacude Irán, la mayor desde 2022, ha cumplido este domingo su primera semana alcanzando puntos álgidos en el nivel de movilización ciudadana y también en el grado de represión de las autoridades. Las manifestaciones, que comenzaron en el Bazar de Teherán, se han extendido por 60 ciudades. Y las fuerzas de seguridad amplían el despliegue en los centros urbanos y endurecen su respuesta. Grupos defensores de los derechos humanos sostienen que al menos 15 manifestantes han muerto a causa de esa represión policial y que hay 582 detenidos; y afirman que las autoridades penitenciarias están reubicando a los internos para habilitar espacio en las prisiones.
Tras fracasar en su intento de sacar a los manifestantes de las calles, la sospecha ahora es que el régimen está restringiendo el acceso a internet. Numerosos testimonios desde el interior de Irán denuncian cortes de conexión en algunos puntos del país, y la empresa de telecomunicaciones estadounidense Cloudflare ha registrado una caída del tráfico de datos del 35%, según el medio iraní Etemad. Las autoridades emplearon esa táctica para reprimir las movilizaciones que atravesaron el país en 2009, en 2019 y en 2022, más masivas que las actuales.
El sábado, el líder supremo de Irán, Ali Jamenei, tomó la palabra por primera vez desde el inicio de las protestas y lo hizo para exigir mano de hierro sobre lo que describió como “alborotadores”, a quienes acusó de crear “disturbios” y de operar en nombre de Estados Unidos e Israel. El día antes, el presidente de EE UU, Donald Trump, había amenazado con atacar Teherán si la República Islámica reprimía con sangre a los manifestantes.
El origen de las protestas radica en el enfado por el mal rumbo económico del país. Esa chispa prendió en los mercados de la capital, donde el valor fluctuante del rial golpea la actividad de los comerciantes y merma el poder adquisitivo de la población. Todo ello dificulta la supervivencia de algunos negocios, especialmente los dependientes de la importación de productos electrónicos, y propició durante semanas la convocatoria de huelgas hasta la aparición de las manifestaciones. A estas se han sumado otras capas de la sociedad y en ellas se lanzan críticas al modelo de gobernanza, la falta de libertades o la ausencia de justicia.
Este domingo, varios testigos reportan un gran despliegue de seguridad en el Bazar de Teherán, donde los comerciantes habían anunciado la víspera una convocatoria que sería parte del “movimiento nacional” presente en buena parte del país. Canales de mensajería impulsados por los manifestantes denuncian la presencia de agentes que les fuerzan a reabrir sus negocios.
El medio de comunicación Iran International, con sede en Londres, ha publicado vídeos donde se percibe el lanzamiento de gas lacrimógeno en los aledaños de los centros comerciales de Alaeddin y de Charsou, ambos ubicados en el centro de Teherán. Fuentes citadas por el medio informan de encontronazos entre tenderos y fuerzas de seguridad.
Apartándose de la aproximación reconciliadora del presidente reformista, Masoud Pezeshkian, y siguiendo la estela marcada por Jamenei, los cuerpos de la Guardia Revolucionaria mantienen la represión y trabajan en deslegitimar las manifestaciones. La Policía de Irán ha avisado durante las últimas horas de que el país podría ser el escenario de “levantamientos armados”. Fars, una agencia de noticias semioficial, informa de la existencia de grupos “presuntamente organizados desde el exterior” y los acusa de atacar edificios públicos.
Según la organización iraní HRANA, con sede en EE UU, durante la primera semana de protestas la policía ha matado al menos a 15 manifestantes, y otros 582 han sido detenidos, aunque este grupo agrega que la cifra real seguramente sea mayor. Las autoridades no han dado cifras de posibles víctimas ni arrestados.
La Cárcel Central de Karaj, en las afueras de Teherán, ha desplazado a los presos encerrados en los pabellones 15 y 16 para habilitar espacio, siempre según HRANA, que añade que varios menores detenidos durante las protestas han sido enviados a un centro de internamiento juvenil en Mashhad, al noreste del país.
EE UU e Israel, vigilantes
Irán tiene encima la atenta mirada de EE UU y de Israel, que siguen de cerca la posible desestabilización de su máximo enemigo en la región. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se ha dirigido este domingo a los iraníes en un comunicado en el que dice que su Gobierno “se identifica” con las aspiraciones de los manifestantes “por la libertad y la justicia”. “Es posible que nos encontremos en un momento en el que el pueblo de Irán esté poniendo su destino en sus propias manos”, afirma el israelí.
El pasado junio, las tropas israelíes libraron una guerra con Irán en la que mataron a más de un millar de personas en 12 días —un tiempo que Jamenei pasó escondido en un búnker—. Desde entonces, los rumores de una nueva ofensiva israelí son constantes.
El aviso que el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó el viernes —asegurando que, “si Irán dispara y mata violentamente a los manifestantes pacíficos”, Washington “acudirá en su rescate”— adquiere una relevancia distinta tras lo ocurrido el sábado, cuando el ejército estadounidense secuestró en Caracas al líder venezolano, Nicolás Maduro. En el pasado, Jamenei describió al mandatario chavista como el mayor socio de Teherán en el escenario internacional.
Como Venezuela, Teherán también es rico en hidrocarburos: según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC, por sus siglas en inglés), los ingresos iraníes por el crudo alcanzaron los 46.000 millones de dólares durante 2024.
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