Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Editorial:

Horror africano

EL TERROR se ha apoderado de Sierra Leona, uno de los países más pobres de la Tierra, víctima de ese abandono de gran parte de África por el resto del mundo, agudizado desde el fin de la guerra fría y el auge de la globalización. En el caos reinante, todos los extranjeros corren graves peligros, ya sean diplomáticos o misioneros; también los periodistas. Y no sólo por el fuego cruzado entre las fuerzas en conflicto, sino también porque nadie quiere testigos de la brutalidad. Un riesgo evidente es el de ser secuestrados como medio de presión o moneda de cambio. Es lo que, aparentemente, le ha ocurrido al periodista de El Mundo Javier Espinosa, cuya puesta en libertad deseamos fervientemente. Sus secuestradores, los guerrilleros del RUF (Frente Revolucionario Unido), parecen reclamar, simplemente, que la BBC británica -Sierra Leona pertenece al ámbito anglófilo- informe de que dicha guerrilla controla ya algunas zonas del país y que posee la fuerza para tomar el poder en Freetown. Tal petición, que no compromete la verdad, podría ser atendida sin grandes problemas por cualquier medio informativo. Es más, se trataría de contar la versión de una de las dos partes en conflicto, que es la obligación profesional de cualquier medio de comunicación. Ojalá lo entiendan así los responsables de la BBC y comprendan que salvar una vida a costa de tan poco es una decisión humana y honorable. Así lo pedimos desde este periódico.Uno de cada diez habitantes de los cinco millones de Sierra Leona ha huido ya del país, creando las condiciones para una enorme catástrofe humanitaria. La "solución africana para un problema africano" que se pretendió no está funcionando y reclama una más decidida acción internacional. El origen de los últimos episodios de esta guerra civil, que dura ya ocho años, se remonta al golpe de Estado del RUF, en 1997, contra el Gobierno legítimamente elegido en 1996. Ecomog, la fuerza de interposición de 15.000 hombres liderada por Nigeria y apoyada por otros países de África occidental, logró restablecer al Gobierno depuesto, tras un devastador ataque contra la capital. Pero los rebeldes volvieron brutalmente a la carga. En su nueva retirada, los guerrilleros siembran el terror entre la población. Diversos intereses asoman detrás de este horror. Sierra Leona es víctima de la lucha por el poder y la influencia que libran regímenes vecinos. Aunque carece de valor estratégico, salvo por su producción de diamantes, su tragedia no es un caso aislado. Es un incendio más en la devastación humana del África subsahariana, en la que se acumulan los conflictos sangrientos: Congo, Angola u otros países. Quizás porque importan aún menos que antes. África puede acabar estallándole al mundo en la cara. O en la conciencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 26 de enero de 1999