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Entrevista:

"Los turroneros somos unos románticos"

Miquel Alberola

Juan Antonio Sirvent Presidente de las firmas de turrón El Lobo y 1880

Pregunta. ¿Es cierto que su familia fabrica turrón desde 1646? Respuesta. El primero de mi familia que tenemos evidencias escritas de que fabricaba turrón fue Bautista Sirvent, en 1646. No obstante la casa se fundó en 1725, por otro Bautista Sirvent. Es un poco sorprendente, porque las empresas igual pueden durar mucho que poco. Antes del 1725 había obradores y el primer Sirvent era también confitero ambulante, como los que iban vendiendo arrop i talladetes. Mi familia después también fue a vender turrón a Madrid, donde teníamos un par de puestos de venta. Y a Barcelona, donde teníamos una casa. P. ¿Quién le da dimensión de empresa a la casa Sirvent? R. Mi abuelo. Su abuelo ya lo empezó, lo que ocurre es que estaba casado dos veces y hubo una crisis generacional, que dicen. Pero la dimensión industrial se la dio mi abuelo. Y luego, mi padre. P. No es habitual que una misma empresa fabrique dos marcas distintas. R. Lo que es raro, y a mí no me parece bien, es que una misma marca tenga distintas calidades, como ocurre con algunas empresas turroneras. Eso confunde. Nosotros tenemos dos marcas de calidad suprema: 1880 y El Lobo. El Lobo empezó en Argentina y en Cuba, porque antes la casa funcionaba con el nombre del administrador de turno, fuera Juan Sirvent Candela, o Manuel Sirvent Soler... Lo que ocurre es que como mi abuelo no quería confundirse con sus parientes suprimió el Sirvent y lo simplificó en S., figurando como Manuel S. Soler. Pero mi padre recuperó el apellido y el nombre comercial fue Juan Antonio Sirvent Selfa. La marca El Lobo era sólo para la exportación: para Cuba y Argentina. Luego se registró en España en 1923, y en 1940 mi padre registró la marca 1880 sobre una calidad de turrón que se hacía fechada en este año y que era exclusivamente para la familia y los amigos. Era un turrón que costaba mucho de hacer y resultaba muy caro para la comercialización. Mi padre quiso hacer un turrón de lujo: le gustaba hacer las cosas bien hechas. Como costaba mucho de hacer y no arriesgaba nada, porque era muy caro en ese momento, lo llamó "el turrón más caro del mundo". P. ¿Cuántos kilos de turrón salen de su empresa? R. El año pasado hicimos dos millones y pico. Este año haremos menos, porque ha subido mucho la almendra y ha encarecido el turrón. P. ¿Qué mercado es más importante, el interior? R. Mucho más el interior. El exterior sólo supone el 12 o el 15% de la producción. Excepto mercados puntuales, como pueda ser el francés y algunos puntos de América, generalmente es un mercado más barato. Y además, donde existe buen mercado no tienen posibilidad de comprar. Nosotros vendemos especialmente en Florida, California y algunos puntos de Estados Unidos. Algo de Canadá. También vendemos en Argentina, Venezuela, Uruguay, Chile... pero no todo lo que se podría vender porque no tienen divisas. P. ¿La experiencia de Cuba fracasó? R. Sí, Cuba necesita las divisas para cosas más vitales que el turrón. Al principio de Fidel Castro hubo un concierto entre España y Cuba. El turrón era un producto político, porque la gente quiere turrón por encima de todo en Navidad, pero Castro ha sido muy expeditivo y ha suprimido las Navidades. Y se acabó. Ahora parece que quiere volverlas a instaurar. P. Sin embargo usted tiene una fotografía del comandante en su despacho. R. Sí, porque en ese momento compraba turrón y me mandó la foto. Es muy goloso. P. No es habitual que un turronero haya estudiado en Oxford. R. Bueno, de mi generación no sé si en Oxford, pero en Inglaterra han estudiado varios. Y mi hijo no es que haya estudiado en Oxford, sino que ha formado parte de tribunales en Oxford en doctorados y masters. Pero eso no quiere decir nada. Para un empresario, los títulos no son importantes. El empresario es vocacional. P. ¿Siempre tuvo claro que quería ser empresario? R. Yo no podía ser otra cosa ni sabía ser otra cosa. Y además estaba predestinado a ello, porque era hijo único. No tenía más remedio, pero además me gustaba. Nací dentro de esta empresa y aprendí jugando. De pequeñito iba por la fábrica y ayudaba a empapelar cajas, me sentaba a pelar almendra, me lanzaba sobre los montones de piel húmeda y caliente de las almendras, iba probando turrón... P. No pasó hambre. R. En mi casa no se pasó hambre, pero tampoco había lujos. Aunque teníamos pan blanco, arroz, lentejas... y eso ya era un lujo. Durante el bachiller, en los jesuitas de Valencia, recibía cajas de casa e iba paliando la situación. Porque allí, el día que tocaban lentejas, en el plato, menos lentejas, había de todo: piedras, gusanos... El arroz nos lo servían en guantes, pero estaba lleno de moscas fritas. Y esto, que a nosotros nos parecía nauseabundo, movía a una inmensa cola de gente, que esperaba en la puerta del colegio para recoger las sobras. O sea que, pese a todo, éramos unos privilegiados. P. Su empresa no forma parte del Consejo Regulador. R. No. Mi empresa no es coincidente con la política del Consejo Regulador. Es posible que algún día entremos. Le deseamos lo mejor al Consejo Regulador, pero por ahora no es posible que entremos. P. ¿Se puede substanciar esta discrepancia? R. En la política, en general. Mi padre fue el primer presidente del Consejo Regulador. Se fundó para prestigiar no solamente el turrón, sino el nombre de Xixona. Y eso no se da del todo en estos momentos. P. El año pasado daba la impresión de que Xixona se quedaba sin empresas turroneras. Las que no se vendían a empresarios de fuera, cerraban. ¿Se ha normalizado la situación? R. Sí, probablemente porque ya no quedan empresas para vender. Los pocos turroneros que las mantenemos somos unos románticos y no las vendemos. Las empresas que hay en Xixona funcionan todas, pero estas empresas familiares son raras de llevar por un ajeno. P. ¿No se corre el peligro de que desde otras comunidades se explote esta denominación de origen? R. No lo creo. En Jerez ocurre eso, pero porque las empresas tienen una solidez que lo único que necesitan es una buena dirección y administración, que es lo que pueden aportar las multinacionales. El turrón es un maravilloso postre, pero es más humilde que el vino y es estacional. Y no creo que esto le interese a ninguna multinacional, como ya se ha demostrado. Por otra parte, el espíritu turronero de Xixona continúa. Aquí hay empresarios muy capacitados y las empresas tienen como mínimo 100 años de vida, lo que las hace inmunes a estos altibajos. Aunque una empresa de alimentación es siempre muy vulnerable. P. ¿En realidad, el turrón tiene futuro o es un producto artesanal condenado a la extinción? R. Por ahora, tiene futuro. Yo he tenido ofertas muy sustanciosas para vender la empresa y no he sucumbido. Si hemos vivido de esto 10 generaciones, por lo menos un par más seguro que logran hacerlo también. P. ¿Se come más turrón con el PP que con el PSOE? R. Yo no sé de política. Los políticos que son empresarios, o son malos políticos o son malos empresarios. No se puede ser las dos cosas bien. El empresario debe tener su ideología, aunque yo no comparto que los empresarios tengan que militar en un partido y los trabajadores en otro. Creo en el político que hace bien las cosas y me parece incomprensible la visceralidad. Que gobierne el PP o el PSOE no afecta al turrón, lo que sí que afecta es una buena o una mala política comercial. La haga el partido que sea. Además: ¡son todos iguales!. Si el PSOE es de centro y el PP también, qué diferencia hay. P. Es miembro del pleno de la Cámara de Comercio de Alicante, pero no se ha prodigado en otros cargos de la patronal. ¿No le interesa? R. No me he promocionado. Cuando era joven necesitaba todo el tiempo para esta empresa, y ahora que soy viejo lo que quiero es tranquilidad. Fui vicepresidente del Círculo de Empresarios, apolítico a mi entender, pese a que nos tildaron de políticos. Algunos que estaban convencidos de que íbamos a hacerles sombra pensaron que íbamos a por algo más. Luego lo dejé porque no me interesaba promocionarme y tenía mucho trabajo.

"Los políticos que son empresarios, o son malos políticos o son malos empresarios. No se puede ser todo"

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Sobre la firma

Miquel Alberola
Forma parte de la redacción de EL PAÍS desde 1995, en la que, entre otros cometidos, ha sido corresponsal en el Congreso de los Diputados, el Senado y la Casa del Rey en los años de congestión institucional y moción de censura. Fue delegado del periódico en la Comunidad Valenciana y, antes, subdirector del semanario El Temps.

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