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Los músicos cubanos ofrecen lo mejor de sí mismos en su actuación en el Midem de Miami

Un día después de lo previsto, Omara Portuondo, Chucho Valdés y Guillermo Rubalcaba -junto a sus casi 30 músicos- actuaron en Miami. Sobreponiéndose al cansancio y a los problemas pasados, ofrecieron lo mejor de sí mismos: su arte. Los artistas actuaron ayer, a pesar de que la policía norteamericana (en un alarde de pintoresquismo argumental) advirtió que no podía garantizar la seguridad de un concierto que se celebró en un recinto con sólo dos vías de acceso y capacidad para apenas mil personas.

La llegada a Miami de Omara Portuondo, Chucho Valdés y Guillermo Rubalcaba junto a sus músicos tuvo ribetes verdaderamente kafkianos. El grupo, que no recibió los visados hasta el último minuto, sufrió al llegar al aeropuerto un cúmulo de obstáculos, cuyo fin parecía ser que no llegaran a tiempo al concierto.Los músicos cubanos tardaron casi tres horas en salir del aeropuerto. No obstante, nunca perdieron el humor durante la espera, y de vez en cuando se lanzaban espontáneamente a cantar, para asombro y regocijo de muchos viajeros, que les aplaudían. Los artistas llegaron a su hotel sobre las 11 de la noche.

Al final las aguas regresaron a su cauce, y ayer los cubanos realizaron una vibrante actuación. La Charanga Rubalcaba, ataviada con esmóquines blancos, deleitó con un estilo musical que muestra que la herencia de Benny Moré no es patrimonio de nadie, sino de todos. Corazón de melón y Qué rico chachachá fueron sus piezas más celebradas.

El poderío de Omara

Omara Portuondo salió después, exhibiendo un poderío que la iguala en justicia a otras reinas como Celia Cruz u Olga Guillot. Acompañada por el piano de Chucho Valdés, bordó con primor canciones como la hermosísima Lo que me queda por vivir.Tras ella, Chucho Valdés y el grupo Irakere lanzaron una descarga de jazz-rock latino, un estilo que, si bien ha quedado estéticamente anclado en el pasado, posee una fuerza inusitada y un alarde de virtuosismo instrumental impresionante. Tras Compay Segundo, que repetía actuación -¡qué vitalidad la de este hombre!-, todos los músicos salieron a escena para despedirse juntos con el clásico Chan chan de Compay y abandonar las tablas bailando y en fila de a uno.

Más tarde, otro acto -promovido por la Sociedad de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes- consiguió el aplauso de los asistentes. Era el concierto Gitanos y Cubanos, que reunía al cubano afincado en EEUU Paquito D'Rivera con la hispanocubana Lucrecia y la cantaora flamenca Charo Manzano, que actuó junto a su cuadro artístico. Las dos damas robaron el corazón al entregado público, en especial Charo Manzano, quien posee sentimiento y una voz poderosa y llena de matices.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de agosto de 1998