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Samper reconoce crímenes del Ejército ante los familiares de 48 de sus víctimas

En el Salón de Obelinos de la Casa de Nariño, donde se realizan las ceremonias más solemnes de la presidencia de Colombia, se congregaron el miércoles para un acto de desagravio, un centenar de dolientes de 48 víctimas de crímenes perpetrados por agentes del Estado entre 1990 y 1993.

Ante un auditorio de rostros envejecidos por el dolor, de viudas cansadas de clamar justicia y de huérfanos, Ernesto Samper -que entregará el poder el próximo 7 de agosto al conservador Andrés Pastrana- pidió perdón: "Acepto, como presidente de Colombia, la responsabilidad que corresponde al Estado colombiano por la acción u omisión de servidores públicos en la ocurrencia de los hechos violentos de Los Uvos, Caloto y Villa Tina y en los casos de Faride Herrera y Roison Mora".

En las tres matanzas y los dos asesinatos, las investigaciones determinaron participación de miembros del Ejército y de la policía. Algunos ya fueron exonerados por tribunales militares y otros procesos están en curso. Se estima que en Colombia el 97% de los delitos denunciados queda impune.

Eunice Mora, una de las dolientes, dijo compungida: "Me reservo el derecho de permanecer indignada ante la impunidad". Ella es la madre de Roison, el niño que murió el 22 de julio de 1993 en Bogotá, perseguido a balazos por dos suboficiales que viajaban en un autobús militar y que no toleraron que el pequeño, su hermano Jimy y Harold, otro amigo de gamberradas infantiles, hubieran lanzado una piedra al vehículo oficial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 31 de julio de 1998