Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Solidaridad

Soy un superviviente del campo de exterminio nazi de Mauthausen, y cuál no fue mi enorme sorpresa y amargura leer en EL PAÍS del pasado 30 de mayo que el Consejo de Ministros de España había aprobado la concesión de 250 millones de pesetas a la Organización Mundial Sefardita en un gesto de solidaridad con todas las víctimas del holocausto.Sorpresa, porque ese gesto de solidaridad nunca fue compartido por ningún gobernante español con los cerca de 10.000 compatriotas asesinados en Mauthausen ni con los supervivientes.

El holocausto español comenzó en el verano de 1940, antes que ningún otro holocausto. La mortalidad de los españoles en esa época era de las más altas del campo. En los años 1940-1941, los nazis no habían inventado todavía el gas Zyklon. Pero a mi hermano y otros 10 mutilados de nuestra guerra civil los asesinaron con los gases del tubo de escape metido en un camión cerrado herméticamente. Eso ocurrió en septiembre de 1941, y un mes más tarde mataron a mi padre. Yo tenía entonces 16 años. Hay alguna diferencia entre el exterminio de españoles y, más tarde, el exterminio de judíos. Sólo hay una, el número de víctimas. Sobre el holocausto judío conviene resaltar hechos de primordial importancia. Ni el gran capital judío, principalmente norteamericano, ni el Congreso Mundial Judío movieron un solo dedo en la salvación de los judíos europeos. Por la sencilla razón de que la gran mayoría de los judíos europeos estaba formada por el proletariado y el progresismo judíos. Nada cómodos para un futuro Estado de Israel.

Los primeros judíos asesinados en Mauthausen fueron 10 miembros de las Brigadas Internacionales hechos prisioneros junto con los españoles en el frente francés. En septiembre de 1940 se fueron cogidos por las manos hacia la alambrada de la cantera cantando La Internacional; al llegar a la raya blanca fueron ametrallados. No habían soportado más las torturas a las que eran sometidos.

También eran brigadistas los miembros del comité clandestino judío del campo de Auschwitz.

¿Había algún Rothschild entre las víctimas del holocausto? No.

¿Había alguna personalidad relevante entre los judíos deportados a los campos de exterminio? Sí, una. El dirigente del Partido Socialista francés y de la Internacional Socialista Léon Blum. De triste recuerdo para la República, con su Comité de No Intervención. Fue deportado a Buchenwald. Fue un preso muy especial.

Hoy día, tanto el gran capital judío como el Congreso Mundial Judío e Israel «lloran» a las víctimas del holocausto. Qué gran desfachatez. A las víctimas del holocausto español únicamente las lloran sus familiares. En el exterminio de los españoles en Mauthausen contribuyó un hecho fundamental. Formábamos parte del bando de los vencidos, y Franco eliminaba a sus enemigos con ayuda de los nazis alemanes. Y, aunque estamos ya en democracia, seguimos siendo los vencidos. En todos estos años hemos sido los grandes olvidados, solamente hemos recibido buenas palabras, y nada más, ningún gesto de solidaridad. Qué contraste con la actitud del Gobierno francés. Desde el primer momento, las autoridades francesas, y especialmente el general De Gaulle, solucionaron positivamente la situación de los ex deportados españoles residentes en Francia. La amargura es tan profunda que podría rellenar unas cuantas hojas más, pero por hoy basta.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de junio de 1998