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"Viaje a la luna", el único guión de Lorca, llega a la pantalla después de 69 años

El único guión de cine que Federico García Lorca escribió, Viaje a la luna, ya está en celuloide. El pintor Frederic Amat ha adaptado y dirigido la película, de unos 20 minutos, que ayer se presentó en el Museo Nacional Reina Sofía y que la próxima semana se proyectará para el público en la exposición que sobre el poeta granadino inaugurará el museo.Lorca escribió Viaje a la luna -cuyo manuscrito original se expone estos días en la Biblioteca Nacional- en Nueva York en 1929. Tras una serie de conversaciones con el pintor mexicano Emilio Amero, el poeta ideó las 72 imágenes del filme, una película muda, sin discurso narrativo y que no es ajena a los movimientos de vanguardia que impregnaron al cine de aquella época. El guión fue descubierto en 1989 en Oklahoma (EE UU), oculto en la mesilla de noche de la viuda de Amero. «De alguna manera, Viaje a luna tiene que ver con El perro andaluz . Hay elementos comunes, como la luna y las hormigas », explica Frederic Amat. «Pero no es una réplica de la película de Buñuel y Dalí, sino un diálogo con ella».

El guión (12 páginas escritas a lápiz en un cuaderno rayado) ha sido fielmente -«no servilmente»- traducido por Amat 69 años después de su escritura. «Se trata de un poema visual», dice el pintor, que rodó la película en 15 días y que ha tardado ocho semanas en su posproducción. Amat asegura que no ha querido utilizar técnicas virtuales para crear las imágenes -«de lógica poética»- del filme y ha recurrido a trucos artesanales para dar forma a los sueños y pesadillas del poeta. «Hay escenas en las que los fotogramas han sido pintados uno a uno», afirma.

En Viaje a la luna aparecen lunas que vomitan, manos que asfixian a pájaros y a ranas, peces que son lágrimas y momentos de una extraña violencia contra niños y mujeres.

«Lorca coqueteó con el surrealismo, pero el suyo era otro camino», afirma Amat. «No es una película de evidencias sino de angustiosas vivencias. Es un diálogo entre la vigilia y el sueño».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de junio de 1998