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51º FESTIVAL DE CANNES

Los niños de las calles de Medellín comparten estrellato con Mira Sorvino

El filme del escritor Paul Auster inaugura la sección «Una cierta mirada»

Tras el aperitivo llega la gran comilona. El primer día serio de proyecciones del festival fue largo e intensísimo. Mientras Lulu on the bridge abría la sección paralela «Una cierta mirada», con la presencia de Mira Sorvino, Willem Dafoe y su director Paul Auster, arrancaban los pases de la sección oficial. El colombiano Víctor Gaviria explicó ante una vacía sala de prensa los entresijos de La vendedora de rosas, acompañado por los dos actores protagonistas del filme, Lady Tabares y Giovanni Quiroz, que el realizador encontró en las calles de Medellín.

La naturalidad y simpatía de los niños, sus rostros afilados por el drama y sus ojos llenos de expresión llenaron el mismo espacio que por la tarde iba a tener el oscarizado William Hurt quien, tal vez por una curiosa metamorfosis inducida, apareció mucho menos contenido y frío de lo que suele dejar ver en sus películas.En la que presentó ayer, Dark city (Ciudad oscura) , lo dirige Alex Proyas, un australiano que tuvo la desgracia de realizar The crow , la película en la que murió de un disparo accidental el karateca Brandon Lee. La tristeza que le debió producir aquello a Proyas se refleja en esta asfixiante y claustrofóbica Ciudad oscura, un thriller con ambiente de ciencia-ficción que enseña un mundo dramático, dominado por unos mutantes que tras invadir el planeta (en realidad sólo un pueblo) tratan de captar el alma, los recuerdos y la capacidad de amar que tienen los seres humanos.

Comparten los papeles principales Rufus Sewell y un terrorífico Kiefer Sutherland. Hurt, que en Ciudad oscura interpreta a un detective estilo años cuarenta, estuvo muy simpático y accesible en la rueda de prensa, en la que explicó que le fascinó el guión porque «reflejaba muchos problemas de la gente de hoy: la incomunicación, la tristeza sin solución, la pequeña esperanza de encontrar lo que no tienes...». Y añadió: «Esa dualidad entre los que quieren controlar el mundo que les rodea y los que tratan de entregar su alma a los demás es muy real y muy dramática».

Igual que en la película

Pero metidos en dramas ahí están los de los colombianos Tabares y Quiroz. «Yo soy igual que lo que se ve en la película. Vendo flores por la calle, camino por ahí sin rumbo y voy teniendo problemas desde que nací», dijo ella. «Todo lo que se ve en la película es verdad, aunque a mí me ha cambiado mucho. Ahora he dejado de ser un malo de la calle», comentó él.Junto a ellos, un nada paternal Gaviria fue contando la gestación de su terrible documento de ficción: «Estuvimos 12 meses haciendo investigación, conociéndonos, viendo cómo eran los movimientos de esos niños. Quería que la cámara los acompañara con naturalidad, que la puesta en escena se redujera a seguirlos en sus movimientos habituales. Tratamos de hacer una foto realista, antiteatral. Toda la dramaturgia de la fotografía consistía en que ellos conversaban en primer plano sobre sus pequeños secretos».

Los niños hablan el castellano de Medellín, un lenguaje que según Gaviria es pobre y elemental, pero muy intenso. Una de las palabras más oídas es gonorrea, un insulto local que según el director significa «más que hijo de puta».

Gaviria conoció a la niña en un internado después de encontrar a otra que le hizo recordar el cuento de Andersen titulado La vendedora de cerillas. Después, descubrió a Giovanni viviendo en el límite entre un barrio residencial y otro lleno de lo que Gaviria llama «excluidos». «Lady pertenece a ese sector de la sociedad colombiana, que ni siquiera tienen papeles, que ni siquiera tienen la posibilidad de ser explotados. Por eso en la película no aparecen los explotadores tradicionales, los políticos, los capos de la droga». Pero viendo esa realidad terrible del microcosmos de Medellín se detecta muy bien toda la realidad macro de Latinoamérica.

«Me metía miedo»

La creación del personaje de Giovanni es una fusión entre la vida de éste y la de un psicópata que según Gaviria era amigo suyo. «Bueno amigo..., no era tan amigo», explicó el joven de los ojos verdes. «Lo que pasa es que me metía miedo». Al final, Tabares sembró de risas la sala de prensa: «Venir a Cannes es una gran alegría para mí. Me gusta mucho, nunca había salido del país y ojalá salga muchas veces más. Quisiera seguir como actriz. Me gusta mucho actuar y en esta ciudad me siento feliz».Ahora queda la duda de lo que pasará con los actores cuando esto se acabe. Todos los protagonistas de la anterior película de Gaviria, Rodrigo D. no futuro, fueron asesinados.

En una sala próxima del festival de Cannes Paul Auster, Mira Sorvino y Willem Dafoe recibían casi al mismo tiempo la ovación del público, seguramente agradecido por recuperar imágenes y sensaciones un poco menos descarnadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de mayo de 1998