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Carlos Cano canta al Lorca «más hermético» de "Diván del Tamarit"

«Mis pretensiones son emocionales», afirma el músico

Cuando Carlos Cano leyó el libro de poemas Diván del Tamarit , de Federico García Lorca, decidió que aquel era su libro. «Porque hace 20 años, cuando lo leí, yo era un joven que renegaba del lugar en el que vivía (Granada) y de todo lo que me rodeaba. Al caer en mis manos el libro me enseñó a ver más allá de lo que había a mi alrededor. Por eso, desde entonces he soñado con el proyecto de ponerle música y cantarlo. Diván del Tamarit es el libro de Granada». Cano ofecerá mañana en el teatro Romea de Murcia su visión del último libro de poemas de Lorca. Será la primera parada de una gira que le llevará durante casi un año y medio a 60 ciudades de España, Europa y América: del Festival de Otoño de Madrid a Barcelona, Sevilla, Nueva York, Miami, Chicago, París, Roma, Buenos Aires y La Habana, entre otros lugares.

En el disco -«yo he querido ayudar a la palabra con música», afirma el cantante- han colaborado con Cano desde músicos como Santiago Auserón, Paco Ibáñez, Pablo Guerrero, Navajita Plateá, Javier Krahe o José Menese a personajes como el torero Curro Romero, quien, al pie de un verso, planta un «ole». «Es el guiño del torero al poeta», explica Cano.

Otra realidad

Para el cantante granadino, el disco no es un homenaje a García Lorca, «porque Lorca no necesita ningún homenaje, y menos aún de Carlos Cano», sino una manera de dar luz al Lorca «más hermético» y difícil. «Lo que he querido es compartir el descubrimiento de otra realidad», afirma el cantante. Cano asegura que toda su trayectoria (con 16 discos a sus espaldas) ha sido un rodaje para llegar a este momento. Un disco que ha materializado después de dos años de trabajo y un buen número de colaboradores, pero que ha gestado poco a poco en solitario desde hace 20. «Al trabajar en este proyecto me preocupaba ser el clásico coñazo que se dedica a cantar poemas y acaba durmiendo a todos. Yo, que me muevo con la música popular, lo que he quiero para Diván del Tamarit , cuyo lenguaje es muy complicado, es contagiarlo de la frescura y ligereza de esa música popular».

«En ningún momento he tenido una pretensión cultural, sino emocinal, y que desde esa emoción se llegue a una comprensión estética», añade el músico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de abril de 1998