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"Buñuel era un machista casi patológico", dice Pepín Bello

La memoria viva de la generación del 27 afirma que "Buñuel no era un surrealista sino un irracional, y un machista casi patológico. Dalí no sabía otra cosa que pintura y nada más de nada. ¿Lorca? La mejor definición la hizo Guillén: 'Con Federico no hace frío ni calor, hace Federico". Éstas son algunas de las evocaciones que hizo José (Pepín) Bello en el coloquio Memorias del 27 organizado el martes por la Residencia de Estudiantes, en Madrid.

Fue una sesión de recuerdos con quien es señalado el artífice, o especie de duendecillo, de la generación del 27; o, al menos, del grupo mítico formado por Luis Buñuel, Salvador Dalí y Federico García Lorca, con quienes coincidió en la Residencia en los años 10 y 20. Aunque Bello no se cansa de desmentir una y otra vez esas bondades que le han cargado.

Entre risas, silencio para recibir los recuerdos, preguntas y más risas de casi un centenar de personas transcurrió esta charla inacabada con el alumno vivo más antiguo de la Residencia. Pepín Bello, de 94 años, empezó por el principio: cómo llegó desde Huesca cuando tenía 11 años, en 1915, para estudiar su bachillerato, para luego seguir con sus estudios de Medicina hasta 1925.

Descubridor de Dalí

Como si nada, cuenta que fue él quien descubrió a Dalí. "Fui el primero que vi sus cosas. Cuando llegó a la Residencia nos dimos cuenta de que era un chico estrafalario: melena larga y un poco raro para nosotros, que éramos normales". Todos lo vieron y a los tres o cuatro días Bello pasó por su habitación, que estaba entreabierta, y vio una cama sobre un suelo cubierto de dibujos y entró a darle conversación. "Tenía un acento catalán terrible, aunque él nunca supo ni catalán, ni español, ni francés ni nada porque usaba una jerga internacional. Lo cierto es que, después de ver sus dibujos, me apresuré a contárselo a mis amigos".Al momento Bello estuvo de vuelta con ellos y les presentó a Dalí, con quien harían amistad "para toda la vida". "A Dalí el dibujo y la pintura se le daban como a los pájaros el aire; entonces tenía 17 años pero ya pintaba como lo haría a los 40. No sabía otra cosa que pintura. No sabía nada de nada; incluso, ya de mayor, no sabía ni leer el reloj. Pero sobre pintura lo sabía todo".

Alguien le pide anécdotas de García Lorca, y él sonríe para decir que "ya todo lo de Lorca está contado" y para afirmar que "si hubiera algo que no se supiera lo vendería ahora como se vende el testamento de Lady Diana".

En su desandar, Bello entona un mea culpa: se confiesa deudor de una aventura "que hubiera sido sensacional: la vuelta a Sevilla en burro". Se la propuso el cantaor Manuel Torre. "Iba a tardar una semana por el perímetro de la ciudad, y en ese tiempo viviríamos en el campo y comeríamos lo que la gente nos diera; así que llevaríamos un burro para cargar las viandas que nos fueran dando en el camino. Pero yo, por pereza, desidia o lo que sea, no acepté".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de marzo de 1998