Gutiérrez Aragón defiende en 'Cosas que dejé en La Habana' la dignidad de los emigrantes

El director narra la vida de los cubanos en España "con nostalgia y sin tópicos"

, Manuel Gutiérrez Aragón tiene antepasados cubanos de los que heredó la nostalgia de los sabores, los olores, las caricias y los besos. El realizador se quejó ayer de la escasa atención que el cine español dedica a la emigración en contraste con países como Alemania, el Reino Unido o Francia. Con "una nostalgia" de doble vida entre cubanos y españoles, pero "sin sucumbir a los tópicos" a uno y otro lado del Atlántico, Cosas que dejé en La Habana describe "la lucha de los emigrantes por su dignidad en medio de las dificultades que plantea un país como España".

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Combinar una historia de ficción con el valor testimonial ha sido, a juicio de Manuel Gutiérrez Aragón (Torrelavega, 1942), el mayor reto de la película que se estrena el viernes en salas de toda España. A partir de un guión muy trabajado que ha contado con la colaboración del escritor cubano Senel Paz, el filme refleja Ios difíciles esfuerzos para ser digno en circunstancias adversas", en palabras del director. Arropada por los calurosos elogios de la crítica en la reciente Semana de Cine de Valladolid, donde recibió la Espiga de Plata, Cosas que dejé en La Habana pretende, entre otras cosas, que "la gente conozca mejor a los cubanos que viven en Madrid".En la actualidad se trata de una emigración ya más económica que política, aunque con los ecos del régimen de Fidel Castro siempre de fondo. Con ese panorama varios tipos de cubanos desfilan por las imágenes de la película encabezados por el actor Jorge Perugorría, que encarna a "un pícaro que también lucha por su dignidad pese a cometer ilegalidades", según el director. "Hay nostalgia de Cuba por parte de los emigrantes", comentó Gutiérrez Aragón, "pero también subyace una cierta melancolía revolucionaria de los españoles de mi generación". Sólo en Madrid, donde transcurre la acción, viven alrededor de 20.000 cubanos y muchos de ellos tienen edades parecidas a las de Perugorría, nacido en La Habana hace 32 años, que reconoce que sufrió mucho con el personaje porque incorpora biografias de amigos.

"Defendí mucho ese personaje", señala el intérprete que logró la fama con Fresa y chocolate, del desaparecido Tomás Gutiérrez Alea, "porque me siento muy próximo a la historia. En Cuba las cosas están difíciles y a mi generación le contaron ideales muy bonitos en la escuela, pero luego todo eso se ha derrumbado en muchos países". Perugorría sigue viviendo en La Habana, a pesar de que cada vez recibe más ofertas del extranjero. "Como otros artistas y profesionales, aspiro a salir de la isla y volver. En realidad quiero vivir de mi trabajo, decentemente y en Cuba".

Flanqueado por actrices cubanas ya consolidadas como Daisy Granados o Broselianda Hernández, el mayor escollo radicó en encontrar la réplica femenina de Perugorría: el personaje de Nena. Tras muchas pruebas de reparto, tanto en La Habana como en Miami o Nueva York, Gutiérrez Aragón se inclinó finalmente por una joven actriz de teatro que aparecía en un vídeo que le remitieron. "Vimos que sólo Violeta Rodríguez podía ser Nena", ha manifestado el veterano cineasta, autor de películas clave en el cine español como Maravillas o La noche más hermosa. Violeta es hija del músico Silvio Rodríguez, aunque el equipo de Cosas que dejé en La Habana lo ignoraba cuando la eligieron. Actores españoles como Kiti Manver y Pepón Nieto completan el reparto.

"Sed de ver cine"

Satisfecho por haber dirigido esta película, Gutiérrez Aragón relató ayer que había hallado en Cuba "una gran sed de ver cine". "Es un tanto parecido", evocó el realizador, "al morbo que teníamos los espectadores españoles mientras estuvo en vigor la censura de Franco". Perugorría indicó que La Habana ha vivido en las últimas semanas una ebullición cinematográfica a partir del festival de cine latinoamericano que se celebra anualmente. "Películas españolas como La camarera del Titanic", contó ayer el actor, "o cubanas como Amor vertical y Los zafiros se pueden ver ahora en las salas habaneras. El mayor problema en Cuba es que no hay dinero para comprar películas".

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