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Un seísmo arrasa el patrimonio artístico de Asis y causa 10 muertos y un centenar de heridos

En la explanada de la basílica de San Francisco, en Asís, una hilera de piedras policromadas, cuidadosamente colocadas sobre el césped, y una montaña de cascotes blancos son el único testimonio externo del doble temblor de tierra que sacudió ayer la Umbría, en Italia central. Pero los daños irreparables causados en la mayor joya artística de la región, la basílica del siglo XIII, donde está enterrado el santo más popular de Italia, son un aspecto menor de la tragedia, que se saldó ayer con 10 muertos, un centenar de heridos, 5.000 personas sin techo y que ha dejado una estela de pánico en la zona.

Fue el segundo temblor, el que se registró a las 11.42 de la mañana, con epicentro en Serravalle del Chienti, muy cerca de Asís, el que causó los mayores estragos. Según los sismólogos, llegó al grado 9 (sobre 12) en la escala Mercalli y su fuerza se dejó sentir en una zona amplísima desde Roma a Florencia. La primera sacudida, a las 2.33 de la madrugada, con epicentro en la localidad de Colfiorito en Perugia, no fue menos importante, alcanzando los ocho grados en la misma escala, que equivalen a 5,5 en la escala de Richter (que se establece sobre lo puntos)."El de la madrugada no fue tan fuerte, apenas sentimos balancearse las lámparas del dormitorio. Ha sido el de esta mañana [por ayer] el que nos ha asustado verdaderamente" Magli Ada debió estar muy cerca del epicentro porque su casa -un sólido chalé de piedra- está a unos pocos metros de la basílica. Pasado el primer susto, todos los habitantes de la zona están ahora fuera, sentados en el porche, con el rostro desencajado y pocas ganas de recordar lo ocurrido.

Asís ha conocido otros terremotos. La iglesia de Santa María de los Angeles, también dañada en esta ocasión, hubo de ser reconstruida tras el seísmo de 1832. "Es cierto, estamos en una zona sísmica", explica otra vecina de Asís, con el rostro oculto tras unas gruesas gafas negras, "pero nunca antes había ocurrido nada así. La basílica nunca había sufrido daños desde 1200. Esta vez, en cambio, se diría que el terremoto se ha abatido como un rayo exterminador sobre la doble iglesia, centro de peregrinación de turistas y fieles desde la Edad Media. La lista de daños es para el pueblo de Asís abrumadora. Se habla de pinturas y frescos de Giotto y Cimabue irreparablemente dañados.

Monjes aplastados

Magli Ada no quiere ni pensar lo que representará para Asís si este primer balance de daños se confirma. Eso sin contar con el impacto de la tragedia humana. Hace apenas unos minutos acaba de pasar la ambulancia llevándose los cuerpos de las dos últimas víctimas.

Dos técnicos del Patrimonio Cultural, Bruno Brunacci y Claudio Bugiantella, examinaban los daños causados en el interior de la basílica por el primer temblor cuando la tierra volvió a ceder y la cúpula de la nave se precipitó sobre ellos. Dos monjes franciscanos que les acompañaban, Angelo Ati y Gisleo Zdizlaw sufrieron la misma suerte. Un quinto monje fallecería después víctima de un infarto. "Fíjese, uno de los monjes sólo tenía 25 años, era tan joven", dice Maglia. La consternación en Asís era total. La perenne legión de turistas había sido sustituida ayer por centenares de carabineros, bomberos, agentes de Protección Civil, soldados y equipos médicos.

El primer ministro italiano, Romano Prodi, y su número dos, Walter Veltroni, visitaron apresuradamente la zona siniestrada, a la que el Ejecutivo se propone hoy declarar en estado de emergencia.

En Asís, quiso la fatalidad que los coches oficiales se dieran de bruces con la ambulancia que trasladaba los cadáveres de las últimas víctimas. La comitiva oficial tuvo que dar marcha atrás y comenzar la visita por otra parte. En Todi, los ilustres visitantes comprobaron los estragos del seísmo que ha dejado por los suelos la torre de la iglesia principal, mientras en varias localidades de la zona, el seísmo ha dejado sin hogar a centenares de personas.

Los vecinos de Asís, un pueblo medieval, acaso demasiado restaurado que vive del turismo, han tenido más suerte. Entre la iglesia de San Ruffino y la plaza del Ayuntamiento el tortuoso camino de callecitas medievales sólo deja ver aquí y allá algunos pequeños derrumbes. Aun así, los vecinos no se sienten seguros. "Es que han sido dos terremotos y quién nos asegura que no haya otro esta noche", dice la señora Anna, casi sollozando. Su casa está junto al Palazzo de la Comune (Ayuntamiento), un imponente edificio donde también se han registrado daños.

"Mi marido y yo nos vamos a casa de una hermana que vive en una casa con sistema antisísmico". Otros dormirán en el coche y los hay que han optado incluso por marcharse a Roma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 1997

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