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ENTREVISTA

"En Iiteratura, todo lo que no añade es un lastre para el lector"

Felipe Benítez Reyes (Rota, 1960) ha reunido en el libro Maneras de perder (Tusquets) quince relatos que, según su autor, sólo tienen en común "cierto clima". Son cuentos hasta de tan sólo dos páginas en los que a Benítez Reyes le basta una anécdota o una imagen para crear una historia. "Es un reto contar una historia en dos páginas", dice el escritor. "Como todo, lo mismo se puede contar en veinte o doscientas. Pero, si puedo, sintetizo. Creo que es un mérito saber renunciar cuando escribes, incluso renunciar a hallazgos. En literatura todo lo que no añade es un lastre para el lector. Y no hay nada peor que un libro lleno de hojas secas".Recluido en su casa de Rota, Benítez Reyes escribe una media de seis horas diarias. "Tengo mucha disciplina", asegura el autor de Vidas improbables, un libro de poesía por el que el año pasado logró el Premio Nacional de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura. "La poesía es agotadora. La novela te permite disciplina, pero la poesía no. No puedes escribir un buen poema cuando quieres. Y no quiero que suene a algo mágico o esotérico, pero es así".

El relato está, para Benítez Reyes, a medio camino entre la novela y la poesía. Son primos hermanos, en ambos no puede haber nada casual o accesorio. Sólo vale lo esencial. Un adjetivo mal puesto se carga un cuento... ¡Y no digamos una poesía!"

Para él, los cuentos de Maneras de perder han sido un respiro entre las horas de dicadas a la novela que escribe desde hace meses. En el cuento Setas escribe: "Una contrariedad doméstica puede acabar convirtiéndose en una contrariedad modestamente apocalíptica, porque a fin de cuentas el mundo -y el fin del mundo- cada cual lo concibe a su manera".

"Me gusta la importancia de lo pequeño que hay en el relato", explica. "Es lo anecdótico lo que acaba dando sentido a la historia. El relato no requiere un gran punto de partida, puede sustentarse en algo insignificante, pero dentro de esa insignificancia cabe un sentido real".

"Cuando escribo un relato lo que tengo claro es el efecto que quiero crear. Me interesa el relato por la libertad que te da, de registro estilístico, de tono, de tema. El libro de relatos debe ser armónico pero no unitario. Me interesa la unidad de clima".

Sentado en un céntrico hotel de Madrid, el escritor escucha con cierto horror los pitidos que llegan desde la calle, atascada por la lluvia y las obras. Confiesa que vive en Rota porque "no aguantaría vivir en un sitio donde no tuviera tiempo para escribir". "En Granada está nevando", dice con un cálido acento andaluz. Y añade: "Soy un pesimista con buen humor".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 6 de junio de 1997

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