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Tribuna:PERSPECTIVAS SOBRE LA CLONACIÓN

Naturaleza contra autocreación

Como el experimento que llevaron a cabo en 1993 los científicos de la Universidad George Washington Robert Stillinan y Jerry Hall, que duplicaron un embrión humano a partir de una célula que había sido fertilizada in vitro, la reciente noticia de que el científico escocés lan Wilmut había clonado un cordero ha vuelto a desencadenar un debate sobre la ética de la ingeniería genética. En medio de este aluvión de comentarios, Global Viewpoint pidió a un filósofo liberal secular de Oxford, a un intelectual católico de Roma y a un académico musulmán de Kuala Lumpur que explicaran brevemente sus puntos de vista sobre la clonación.

Nuevos avances tecnológicos que van desde la clonación de embiriones , pasando por la alteración genética en un extremo de la vida, hasta el suicidio asistido médicamente en el otro nos obligan a definir más que nunca el significado y los límites de la existencia humana.Ante esas posibilidades ha surgido una nueva distinción de ideas que va a ser muy importante para la trayectoria moral del futuro. Es una distinción entre los que croen principalmente que la vida es valiosa como creación natural y los, que opinan que la vida humana es importante principalmente como autocreación personal y cultural.

Estas dos tendencias están poco desarrolladas e incompletas, empañadas por los cambios que ya se ciernen sobre nosotros.

Por ejemplo, ¿dónde podemos decir que termina la creación natural y empieza la creación cultural cuando clonamos un embrión? Y aunque nos encontremos entre quienes piensan que la autocreación es más importante que: la creación natural, ¿no nos pareo,-, a pesar de todo, que la naturaleza tiene un poder normativo especial? Nuestro instinto es decir "si ocurriese sin que los seres humanos decidiesen nada, ¿no sería mejor.

¿No es nuestro primer instinto echarnos atrás con aprensión cuando oímos que alguna clínica ha descubierto un método de manipulación genética que permitirá a los padres preseleccionar el sexo de su bebé? Sin embargo, controlar, elegir y sacarle el máximo partido a la vida -la contribución personal- también resulta poderosamente atractivo.

Éstos son los asuntos más profundos a los que nunca se ha enfrentado una civilización. Son de naturaleza casi religiosa. Como tales, son cuestiones que una sociedad liberal y tolerante debe decidir con libertad de conciencia y no según el dictado de su Gobierno.

El Gobierno no tiene por qué entrometerse en este terreno ni atizar las espuelas de su derecho penal contra estos problemas, considerablemente personales y espirituales, como ha ocurrido en. el otro extremo de la vida en el caso del suicidio médicamente asistido.

Pero al mismo tiempo tengo que subrayar que cuando la conciencia es libre debe ser responsable. Por ejemplo, en el caso del aborto, o en el del diseño genético de un embrión, la conciencia pública debería reconocer que éstos son asuntos verdaderamente serios.

Aunque la gente tenga la libertad de tomar sus propias decisiones, vamo s a tener que luchar para hacer ver que éstas son decisiones que no deberían tomarse a la ligera, como si un embrión no fuese más que el último modelo de automóvil.

La cuestión crucial es si una sociedad decente elegirá la coacción o la responsabilidad, si intentará imponer a todo el mundo un juicio colectivo en asuntos del carácter más profundamente espiritual, o si permitirá a sus ciudadanos juzgar por sí mismos las cuestiones más importantes y más definitorias de la personalidad que afectan a su vida y a su muerte.

Ronald Dworkin es profesor de Jurisprudencia en la Universidad de Oxford. Es autor de Life's dominion: an argument about abortion, euthanasia and individual freedom (Knopf, 1993).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 1997