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De la gallina navideña a la mercadotecnia científica

De la gallina en Navidad se pasó al cheque en mano. Y hoy, el chocolate del tarugo (mordida del médico) se disfraza de mercadotecnia científica, más elegante y, sobre todo, más legal. La promoción de productos médicos ya no es tan grosera. "Al médico le abochona bastante que le hablen de dinero", comenta un especialista en medicina familiar de un centro de salud madrileño. "Preferimos cualquier tipo de material bibliográfico, siempre útil, y además en ningún momento tenemos conciencia de que les dabamos algo a los laboratorios que nos lo regalan".Por si acaso, en tres áreas de Salud de Madrid se ha puesto en práctica un nuevo sistema de recibir a los visitadores de los laboratorios. "Antes los recibíamos individualmente, pero era bastante rastrerillo", cuenta. "Que si traigo un libro; que si no tengo para todos tus compañeros, pero me gustaría tener un detalle contigo...", recuerda que le decían.

Ahora se realizan sesiones clínicas al empezar o finalizar la jornada, de modo que todo el equipo del centro de salud recibe en común a los representantes comerciales. Hasta cuatro diarios. Ellos les dan cuenta de las excelencias de su producto desde el punto de vista científico, si es nuevo, y si no, su visita periódica se justifica como dosis de recuerdo.

Los médicos coinciden en que "el 80% de los visitadores son gente respetable". Y no ven con mala cara los apoyos que reciben en forma de becas, asistencia a congresos científicos o ayudas para publicaciones. Porque reconocen que la formación continuada o la pagan de su bolsillo o no existe. El problema es dónde establecer el límite de la legalidad: entre ir a Kenia una semana a pensión completa con acompañante incluído con motivo de un simposio de un laboratorio o concentrarse en un hotel de Guadalajara. "Hay que tener en cuenta que a veces es más barato organizar una reunión en un país del Caribe que en una zona turística española", se justifica el portavoz de una empresa.

Farmaindustria, la patronal farmacéutica, dispone de un código ético que ha puesto precio a las atenciones de cortesía con los facultativos. No más de mil pesetas. Pero nadie niega que circulen por ahí ordenadores, aparatos de televisión, e incluso pagos bajo cuerda con pseudo ensayos clínicos. La generalidad es la contraria, opina el presidente en España de, la multinacional SmithKline Beecham, Eduardo Rodríguez Rovira. Y subraya que en estos momentos la industria está supliendo una carencia. "Mientras el Ministerio de Sanidad no se haga cargo de la formación continuada de los médicos, la hacen los laboratorios en colaboración con las sociedades médicas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de noviembre de 1996