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Tribuna:CIRCUITO CIENTÍFICO
Tribuna
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Inventar para ellos

Convocado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y en el contexto del seminario El sistema español de I+ D: innovación, empresa y sociedad, tuvo lugar el mes pasado un intenso debate sobre el tema, animado quizá por entender que la polémica servida con la aparición del Manifiesto de El Escorial no debe circunscribirse únicamente a la ciencia básica, por importante que ésta sea.En los ambientes comunitarios dedicados a la investigación y al desarrollo tecnológico (I + D) resulta ya un tópico el dictamen acuñado como "la paradoja europea". Fórmula que sintetiza, por comparación con los otros miembros de la tríada -EE UU y Japón-, una situación muy desfavorable para la Unión Europea, que pese a contar con excelentes resultados en ciencia básica muestra una gran debilidad en la transformación de resultados de la investigación y el desarrollo tecnológico en innovaciones tangibles y en ventajas competitivas. En este campo, la situación es difícil en la Comunidad y crítica en el caso español.

Los excelentes resultados científicos conseguidos en España desde la aparición de la llamada Ley de la ciencia (abril, 1986), encuentran su justo reflejo en los ratios estadísticos internacionales, que sitúan a nuestro país en una dignísima posición número 11 de la ciencia mundial y a nuestros investigadores en lugar destacadísimo por artículos publicados en revistas de excelencia. Hemos de felicitarnos de lo mucho conseguido, que hace que la cuota de producción científica de España (1993) fuese el 6,4% de la Unión Europea, y ello con nuestro escaso 0,91% del PIB dedicado a 1 + D, frente al 1,97% de la UE. Estos logros hay que mantenerlos, aunque el precio y el esfuerzo necesarios para ello no será bajo. Retroceder en lo conseguido en ciencia básica sería un grave error.

Lo dicho no debe contraponerse con lo que de forma intencionada hemos calificado de situación crítica de nuestro sistema de I + D. La comparación internacional de resultados del Sistema de Ciencia y Tecnología (1992) español refleja que el índice de autosuficiencia (solicitud patentes residentes / solicitud patentes nacionales) alcanzó un paupérrimo 0,04 en España, frente al 0,20 en la UE. También refleja que nuestro sistema es francamente deficitario en su balanza tecnológica, con un escaso 0,26 de cobertura, tres veces menor que la de la UE. ¿Qué supone esto en términos prácticos? Pues que pagamos anualmente unos 200.000 millones de pesetas más por la tecnología que compramos que por la que vendemos.

Si añadimos que de los fondos destinados a actividades de I + D (1992) en España sólo un 51,1% se aplicaron en el sector empresarial, frente al 64,6% en la UE, y que el 61% del personal dedicado a la I + D (1992) en España lo hacía en la Administración pública, frente a un 44% en la UE, permite concluir que estamos ante la doble paradoja del sistema español o, si se quiere, la paradoja española en el contexto de la paradoja europea.

Resulta necesario paliar con urgencia nuestras excesivas singularidades respecto del contexto comunitario. Se necesita una política que en forma decidida y estable fomente la investigación tecnológica de excelencia, propicie la innovación e impulse la transferencia de resultados de la I + D a los sectores productivos, a nuestros sectores productivos: agroalimentario, calzado, máquinas-herramientas, construcción, servicios... accesible para las pequeñas y medianas empresas.

Hay más que síntomas para afirmar que de aquel fatídico "... que inventen ellos" hemos pasado a una nueva y preocupante situación: la de estar publicando para ellos, cofinanciando sus planes tecnológicos y comprando sus tecnologías, las de ellos, las que realmente necesitan nuestras empresas.

Julián Salas Serrano es doctor ingeniero industrial.

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