Parábola satánica
Hay dos lecturas posibles de esta trasnochada adaptación de la enésima novela de Stephen King llevada a la pantalla. Una nos coloca frente a un filme de género, de discretos resultados, que muestra una cierta elegancia en el uso de las elipsis y que permite el show estelar de uno de los mayores actores que haya conocido el cine, Max von Sydow, cuyo dominio y saber estar frente a la cámara deja a años luz al resto de sus gesticulantes compañeros de reparto.La otra apunta en la dirección de la parábola: un enigmático. anticuario, que muy pronto sabremos un servidor -o el mismísimo- de Lucifer contenta las ilusiones posesivas de los habitantes de un tranquilo pueblecito de Nueva Inglaterra que se llama, cosas del cine, igual que la productora- del filme, Castle Rock. No lo hace gratis: cada uno de ellos le hará un favor, un insignificante favor que podrán realizar en el más completo anonimato. Pero los favores -pinchar las ruedas de uno, manchar con barro la ropa tendida de otra, matar al perro de una tercera- persiguen en realidad una estrategia terrible, la misma que imaginara Dashiell Hammet para su Cosecha roja, pero ciertamente no con las intenciones justicieras de ésta: que cada vecino vea en aquél con quien tiene relaciones conflictivas -ya lo sabe el lector: "pueblo chico, infierno grande"- al autor de la tropelía, lo que provocará reacciones infinitamente más graves que la "bronca" recibida y precipitará de paso una auténtica carnicería.
La tienda
Dirección: Fraser C. Heston.Guión: W . D. Richter según la novela de Stephen King. EE UU, 1993. Intérpretes: Max von Sydow, Ed Harris. Madrid: Acteón, Parque Oeste y Palacio de la Prensa.
De los favores se beneficia todo el mundo, incluidos los dos párrocos, uno baptista y otro católico, eternamente en frentados entre sí por asuntos banales. Bueno, no todos se benefician: en realidad, el único inmune es... el sheriff del poblado, que es, además, el único que viene de una gran ciudad. Y será a partir de la reacción del único hombre sano del lugar que se producirá la necesaria catarsis, la reacción de negación del pueblo de los favores diabólicos recibidos y un Final que ahorraremos al esforzado lector.


























































