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La caza del virus Ebola en su escondite

La OMS emprende un programa de búsqueda del patógeno entre los animales africanos

Para Christophe Boesch, ver morir chimpancés era casi como perder miembros de la familia. Boesch es un investigador de primates suizo que, durante 20 años, ha estudiado a los chimpancés en libertad del parque nacional Tai Forest, en el oeste de Costa de Marfil. El recuerda que cuando, en marzo de 1993, murió una cría de chimpancé, su madre lo llevó a cuestas durante más de un día como si no quisiera separarse de él. La muerte de la cría no fue un hecho aislado. En cinco años, el número de chimpancés de la manada ha descendido de 80 a 32 miembros. Un miembro del equipo de investigación de Boesch recuerda que, durante la epidemia, "los chimpancés solían llamarse unos a otros en señal de alarma, chillando como si supieran que estaban en peligro mortal".Los chimpancés eran las últimas víctimas de uno de los patógenos más mortales que se han descubierto nunca: el virus Ebola. Y la muerte de los chimpancés se ha convertido así en el último capítulo de un misterio médico sin resolver: ¿dónde se esconde ese patógeno? Cada vez que brota, parece que Ebola se origina en la selva. Y siempre que aparece, deja una estela de misterio a su paso: ¿de dónde viene? ¿Dónde se esconde cuando no infecta primates?

En los exuberantes claros verdes de la jungla de Tai Forest, Boesch y otros científicos europeos intentan responder esta cuestión y tienden una trampa al virus. El término científico que designa el escondite del virus es su depósito: cualquier ave, murciélago, ratón o mosquito que sirva de anfitrión. La Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió hace poco apoyar un proyecto de investigación en Tai Forest para intentar identificar el escondite del virus observando la comunidad de chimpancés.

David Haymann, jefe del departamento de brotes de enfermedades de la OMS, afirma: "Llevamos décadas buscando, pero no hemos encontrado el depósito. Más vale que lo encontremos. La próxima variedad del virus que brote podría ser incluso más agresiva que las que ya conocemos".

Temporada de lluvias

Afortunadamente, el equipo de la OMS tiene algunas pistas. Boesch conoce muy bien los hábitos de los chimpancés. Se pasa los días siguiéndolos por la densa maleza de la jungla cuando van a buscar comida o se balancean en lo alto de los árboles. Boesch y su compañero Pierre Formenty, un veterinario de la OMS que trabaja en Costa de Marfil, se dieron cuenta de que las epidemias de Ebola parecían brotar principalmente durante la temporada lluviosa de otoño. Observaron que los chimpancés que caían enfermos eran exactamente los mismos que habían participado en una caza la semana anterior y habían comido carne de mono colobo rojo.Pero, según Formenty, probablemente los monos no son el depósito. Los chimpancés cazan todo el año. En contradicción con su fama de mansos vegetarianos, comen carne una vez a la semana durante todo el año y una vez al día en la estación lluviosa. Los investigadores barajan la hipótesis de que los colobos puedan llevarles hasta el depósito.

Es posible que los colobos rojos, pequeños devoradores de hojas de risa estridente que viven cerca de las copas de los árboles más altos de la selva, sean un anfitrión intermedio. El organismo depósito, independientemente de que sea un murciélago, un ave o un pequeño roedor, puede morder a los colobos cuando buscan comida en las copas de los árboles. Ante esta hipótesis, Boesch ha contratado a unos trabajadores locales para construir una red de plataformas de observación en los árboles de la ladera de una colina. concreta de Tai Forest. Allí, él y Formenty pondrán trampas para atraer a posibles organismos depósitos. El equipo de investigación recogerá los animales e insectos atrapados con instrumentos especiales para trepar y los llevará a un laboratorio para su análisis.

El equipo de la OMS no es el primero que busca el depósito de Ebola. Después de la epidemia de Kikwit, un equipo del Centro de Control de Enfermedades (CDD) en Atlanta (EE UU) reunió más de 3.000 muestras de la jungla de los alrededores de Kikwit. Pero no han encontrado nada todavía.

Boesch especula con la posibilidad de que "quizá no se busca en lo suficientemente alto". El investigador recuerda la búsqueda del depósito del virus de la fiebre amarilla que se llevó a cabo en la selva en los años setenta. Investigadores del Centro de Control de Enfermedades peinaron infructuosamente la zona hasta llegar a los 28 metros de altura. Boesch, recuerda: "Añadieron cuatro metros a la parte superior de las escaleras y descubrieron el mosquito" que portaba el virus.

Cuando empiecen las lluvias en ocubre de este año, las plataformas estarán colocadas. Y quizá justo a tiempo. Boesch y sus colegas perciben que su tarea es cada vez más urgente. El parque nacional de Tai Forest ha estado protegido por el Gobierno de Costa de Marfil hasta ahora. Pero el área que rodea el parque se ha llenado de refugiados de la guerra civil de Liberia (la frontera está a sólo 10 kilómetros) y de emigrantes procedentes del norte, atacados por el hambre.

'Carne de la maleza'

Guy Rondeau, funcionario del Fondo Mundial para la Naturaleza, con base en el cercano pueblo de Tai, comenta que "para los lugareños es tabú comer carne de la maleza, como llaman a la carne de chimpancés, monos y otros animales que pueblan la selva. Pero estas restricciones culturales se violan a medida que crece la población no lugareña. La caza ilegal de animales parece aumentar y los guardabosques del parque (sólo 65 de ellos patrullan 400.000 hectáreas de territorio del parque) parecen mal equipados para controlarla.Todos coinciden en que la clave para encontrar el depósito de Ebola son los chimpancés. Al final, los chimpancés amenazados de Tai Forest pueden acabar como los canarios en una mina de carbón: si empiezan otra vez a morir cuando llegue el otoño, los científicos utilizarán su sufrimiento para descubrir cómo proteger a la humanidad. Boesch dice: "Es irónico. Deberíamos protegerlos, pero quizá sean ellos los que terminen protegiéndonos a nosotros".

Por otra parte, Filipinas ha levantado la prohibición de las exportaciones de monos para experimentación a cuatro granjas de su país tras verificarse en los análisis que no están infectadas por Ebola. En una quinta se ha detectado la presencia del patógeno, en concreto de la cepa Reston, informa Reuter. Filipinas impuso la prohibición el pasado mes de abril, al descubrirse en EE UU tres monos con Ebola en una partida de 100 animales procedentes de Filipinas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de junio de 1996