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Crítica:CINE

Balbuceante relato policiaco

Tras el sugestivo y un tanto pretencioso título de este filme, Gimlet, correspondiente al nombre del cóctel favorito del detective privado Philip Marlowe, creado por el mítico novelista norteamericano especializado Raymond Chandler, no se oculta un homenaje al cine negro ni tampoco la admiración de un nuevo director y guionista por las películas policiacas de Estados Unidos.Rodada integramente en Barcelona, pero como si fuese una ciudad cualquiera, casi tratando de ocultar los lugares, tampoco Gimlet intenta enlazar, ni tan siquiera rendir un homenaje al interesante cine policiaco que se realizó en Cataluña a principios de los años cincuenta, y que ofreció títulos míticos como Apartado de correos 1.001 (1950), del director Julio Salvador.

Gimlet

Director y guionista: José Luis Acosta. Fotografía: Jesús Escosa. Música: Alexander van Bubenheim. España, 1995. Intérpretes: Ángela Molina, Viggo Mortensen, Abel Folk, Pep Cruz, Jordi Boixaderas, Blanca Pampols.Estreno en Madrid: Acteón, Renoir (Plaza de España).

Gimlet tan sólo es un tímido, balbuceante relato policiaco que trata de explotar las peculiares relaciones que se establecen entre una mujer madura, dueña de un bar, y su potencial asesino, que le envía cintas de vídeo como si fueran cartas de amor, pero que sólo en los últimos minutos llega al fondo de la cuestión planteada y alcanza un cierto interés.

Rodada con habilidad, este primer largometraje de José Luis Acosta le muestra como un realizador con fuerza visual, pero también como un guionista sin atractivos, dado que todos los problemas de Gimlet derivan del torpe desarrollo dramático de su historia, de que la película debía comenzar en el momento en que precisamente finaliza.

Mortecino conjunto

Dentro del mortecino conjunto que ofrece el filme no logran destacar ni una Ángela Molina un tanto baja de forma ni tampoco el norteamericano Viggo Mortensen, que casi constantemente parece encontrarse fuera de lugar.Pero una vez más, la culpa no es en absoluto de los intérpretes, sino de un guión que en ningún momento logra que los personajes tengan una mínima solidez dramática. Sin embargo, por encima de todo, brilla la luminosa fotografía de Jesús Escosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de abril de 1996

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