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Antonio Gómez Rufo sitúa en China el argumento de su última novela

'Las lágrimas de Henan' está basada en un hecho real

En un chino, que hace también esquina, aunque es de los más prestigiosos y más antiguos de Madrid, presentó Ediciones B la primera novela de su espectacular -por diseño- colección Ficcionario: Las lágrimas de Henan, de Antonio Gómez Rufo, una tragedia basada en un hecho real situada en China, un conflicto entre demografía y libertad, tal como la habían leído los dos presentadores, Carlos Luis Álvarez, Cándido, y Joaquín Leguina.

Para su autor, Gómez Rufo, en cambio, la novela no es una tragedia, puesto que, puntualizó, "el sentimiento trágico de la vida de los occidentales no tiene nada que ver con los orientales; en Oriente la muerte es el paso necesario para encontrarse con sus antepasados". Tragedia o no, a Cándido (quien no probó la comida china y se contentó con una tortilla de patatas, que elogió; y todo porque, según explicó, cuando visitó China se dio cuenta de que no se ven nunca por la calle animales: perros, gatos, cualquier cosa que se mueva; ergo) la novela, en la que todo el mundo muere, "como en Hamlet", plantea el conflicto entre demografía y libertad, que tan mal arreglo, por evidente superpoblación china, tiene.A Joaquín Leguina, presente además de como amigo como demógrafo de profesión, también le pareció una tragedia, que quiso explicar con una lista de nombres y de lugares, con una, pronunciación que no satisfizo a Gómez Rufo, quien le fue corrigiendo pronunciaciones según iban saliendo de su boca. "En esto", se disculpó Leguina, "se nota que nunca he sido prochino como Paca".

Documentación

Paca era Francisca Sauquillo, presente también y que intervino paria elogiar la novela, no como (antigua) prochina, que es lo que le había llamado Leguina, sino como chinóloga, que es lo que entendió (o quiso). A ella le pareció una osadía hablar de China, pues por más que se la conoce, nunca acaba uno, confesó, de entenderla del todo (Cándido, engullendo tortilla de patatas, comprendió por qué callan los animales chinos).A Gómez Rufo, que parece tener problemas para situar sus libros en su realidad más inmediata (su novela anterior la llevó a la Roma imperial), una noticia leída en un cable de la agencia Reuter le encendió una luz que luego le serviría para hacer esta novela "china" y a la que llegó rastreando documentación, hablando con algunos chinos que viven en Madrid y, dos meses antes de acabarla, yendo a China a comprobar, tal vez, lo que había imaginado. Y de, aquel viaje a China no sólo se trajo un mínimo conocimiento de cómo se pronuncian algunas palabras (y corregir, pues, a Leguina) y qué se esconde detrás de la gastronomía china (a Cándido no le convenció) sino también una sensación imborrable: los olores. "En China huele todo, absolutamente todo", evocó.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 19 de abril de 1996