Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Anguita peleó por el voto de la izquierda pensando en lo que vendrá tras el 3-M

"He de confesar que para mí ha sido una campaña muy distinta a las anteriores. Y en ocasiones he sentido el síndrome de Estocolmo con ustedes. Ahora me caen mejor. En fin, deben de ser debilidades de casí un anciano". Era el final de una campaña en la que Julio Anguita ha buscado el voto, más que para este 3-M, para lo que venga después. Era, en Córdoba, su última rueda de prensa. Los periodistas se- miraron unos a otros entre incrédulos y sorprendidos. Nunca, ni en esta ni en otras campañas, había tenido Anguita un momento de sentimentalismo con sus enemigos crónicos y declarados.

No ha sido la única diferencia con otros procesos electorales. Julio Anguita ha intentado en éste mantenerse al margen de una campaña dominada por la agresividad y la tensión. ¿Ha insultado Anguita? Depende. Hay formas y... formas. Lo que ha hecho, en cualquier caso, ha sido envolver las descalificaciones en papel rizado con lacitos rosas.Así que a lo mejor es verdad que a Felipe González no le ha llamado corrupto, pero sí le ha dicho que ha permitido la corrupción. No le ha llamado ni terrorista ni asesino, pero ha dicho de él que fue quien permitió los GAL. Ha atacado a González, pero también a José María Aznar. Y, aun sin decirlo, ha aceptado desde el principio la derrota de la izquierda. Y ha buscado el voto más que para este 3 de marzo para lo que venga después.El coordinador general de Izquierda Unida ha procurado hacer algo distinto a lo que hacían sus rivales. Y de qué forma, Por ejemplo, él no ha entrado nunca a tiempo en un informativo.

Una noche, el periodista de la cadena Tele 5 contempló por el rabillo del ojo, al borde de la desesperación, cómo Anguita finalizaba su discurso y bajaba del escenario mientras a él le daban paso desde los estudios centrales con un: "¡Qué dice en estos momentos Julio Anguita?". "Pues, en estos momentos, nada", improvisó el reportero intentando esbozar una media sonrisa de compromiso. "Acaba de terminar su discurso y ha dicho que..." informó.

Nunca ha cambiado Anguita su hilo argumental por muchas lucecitas rojas, que le pusieran delante. La bombilla roja es un aviso para que el orador sepa que va a entrar en. directo en la televisión. Y, normalmente, se aprovecha para lanzar un par de mensajes vengan o no vengan a cuento, tengan o no tengan que ver con lo que en esos momentos se está diciendo. Bueno, pues con Anguita no ha habido manera de que lo hiciera así.En un telediario en el que habían ido saliendo González y Aznar condenando el terrorismo, Anguita se despachó con una reflexión sobre el gasto fiscal que dejó turulatos a técnicos, periodistas y televidentes en general. Del terrorismo ya había hablado minutos antes y no estaba dispuesto a volver sobre sus pasos ni a trastocar su guión.Poquísimas veces ha permitido que la realidad cotidiana condicionara sus discursos. Si en la primera parte de- la campaña sus mensaje era explicar exhaustivamente el programa de IU, nada ni nadie ha conseguido romper esta tendencia. Sólo en las diarias ruedas de prensa, y a preguntas de los informadores, se ha salido de su esquema.Porque, eso sí, en esto también se ha alejado de sus adversarios políticos. Si Aznar no ha querido ver ni en pintura una comparecencia ante los medios informativos, Anguita, casi a diario, se ha sentado de manera voluntariosa y amable ante los informadores locales y la veintena de periodistas que le han seguido estos días. Y ha contestado a casi todo. Que Dios se lo pague.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de marzo de 1996

Más información

  • El coordinador general de IU procuró diferenciarse de sus rivales