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Crítica:TEATRO
Crítica

El burlador burlado

La Compañía de repertorio de teatro clásico Zampanó populariza a los viejos maestros desde hace años. Procede del TEI, tiene ahora uno de los antiguos caracteres del teatro estable anterior, el de la compañía familiar, tiene vocación por la, aproximación de los colegiales: todo eso se nota mucho en esta versión del primero de los donjuanes de una larga "lista mundial que no ha terminado aún: el de Tirso. Las profundidades se, quedan fuera, o dentro del armario, que es su invento escénico principal: de tres cuerpos y falsas lunas, que son en realidad puertas de entrada, o transparencias para el famoso muerto aparecido, el convidado de piedra, el Comendador.Tambien hay una cama, y un par de las violaciones se celebran a nuestra vista. Y oído, por lo que chillan las deshonradas: no tanto por el acto en sí sino por el, engaño con que se lo arrebatan. Al reducir el mundo, el demonio, y la carne, y la lucha del transgresor contra, quizá, Dios, a una verdadera alcoba de los años veinte; al darle a todo un aspecto cómico; al contraer los dieciséis personajes a siete actores casi emblemáticos los burlados son uno, las engañadas una la obra se va al cuerno, nunca mejor empleada la palabra. Y todos sus exégetas. Y el mito.

El burlador de Sevilla

De Tirso de Molina, versión de Amaya Curieses. Intérpretes: Jesús Noguero, Chiqui Maya, Pedro Martínez, José Maya, Mayte Jiménez Chus Barbero, Amaya Curieses. Dirección: José Amaya. Madrid, teatro Fígaro, 10-1-1996.

Castigo y barbarie

No hay que quejarse mucho: se puede no estar ni siquiera seguro de que el frailecillo, en esta o en otras de sus grandes obras quisiera hacer tanta metafísica y. tanta devoción, sino que tuviera, sus propios sueños de lujuria y tratara de colocarlos como podía dentro de lo política y religiosamente correcto de su tiempo. La fuerza de la censura, el castigo y la barbarie del poder ha conseguido unos logros extraordinarios en la literatura: como la época de oro de la literatura española. En cuanto a todos los donjuanes ilustres consisten, en realidad, en violar al propio Tirso, en rectificarle y cambiarle, y en negarse y afirmarse unos. a otros.Los actores están, lógicamente, dentro de todo este estilo: juveniles, aun cuando no lo sean tanto; apresurados y excitados, por sus cambios de papel; simplificadores de texto, escenas y versos.Aun así, tardan más de dos horas en deshacerse de la obra, que no todo el público aplaude, aunque sí -en el estreno- una amplia y alentadora mayoría.

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