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Un telefilme norteamericano, 'Citizen X', gana los máximos galardones del certamen

No lo tenía fácil el jurado, pero su decisión es de las que levantan ampollas. Un telefilme norteamericano, Citizen X, producción del canal HBO y con distribución española ya concertada, se alzó ayer con el premio a la mejor película, y su realizador y guionista, Chris Girolmo, compartió el de mejor director con Michael Almereyda, éste por su trabajo en Nadja. Es una decisión que no le hace ningún bien al festival, puesto que al premiar un filme no cinematográfico pone el dedo en la llaga sobre la nula calidad de las películas incluidas en la selección oficial.

Stephen Rea, protagonista del telefilme, recibió igualmente el premio al mejor actor, y a Bridget Fonda fue a parar el de mejor actriz por su impecable actuación en Rough magic, de Claire Peploe.El jurado, compuesto por los directores españoles Álex de la Iglesia y Ventura Pons, la actriz irlandesa Bárbara Steele, el actor portugués Joaquim de Almeida, el escritor inglés Alexander Stuart, la periodista francesa Caroline Vié y el crítico y escritor español Marcos Ordóñez, dejó completamente de lado tanto películas que entusiasmaron a la crítica, como El convento, de Manoel de Oliveira, que ganó por amplia mayoría el premio José Luis Guarner de la Asociación de Críticos, como el filme catalán Atolladero, de Óscar Aibar, que ni siquiera obtuvo uno de los premios técnicos menores.

Basado en una estremecedora historia real, Citizen X ambienta su acción en la ciudad soviética de Rostov del Don entre 1982 y 1990. Cuenta la odisea de un forense convertido en detective accidental para desenmascarar a un asesino en serie que en poco más de ocho años mató a 52 adolescentes de ambos sexos, cuyos cadáveres se fueron descubriendo sin que la población supiera nada sobre el asunto. El telefilme apenas muestra en acción al asesino, cuya cara conoce el espectador casi desde el comienzo. De lo que trata en última instancia es de denunciar los entresijos del poder soviético, su implacable burocracia, las razones ideológicas que permitieron que, a la postre, un asesino que estuvo a punto de ser desenmascarado a poco de comenzar sus macabras hazañas sólo pudiese ser llevado ante la justicia y ejecutado varios años después, cuando la URSS se reconvertía en Rusia y cuando la perestroika se abría paso entre los entresijos del aparato burocrático.

No se trata de un telefilme despreciable, ni mucho menos. Su sentido del ritmo es aceptable, la manera con que soslaya -incluso con elegancia- el mostrar la repugnancia de los hechos es loable, y sus tres actores principales, Stephen Rea, Ronald Sutherland y Max von Sydow, realizan su trabajo con suma competencia. Pero no deja de ser una película para televisión, con todo lo que ello comporta, o sea, cierta previsibilidad y el empleo de un impersonal lenguaje que resulta más apto para la pequeña que para la gran pantalla.

Así, el resto del palmarés, una auténtica pedrea en este festival, premió los efectos sonoros de una nadería como Species, el galardón a la mejor banda sonora fue para Nick Bickat por su aceptable score para La pasión Barkly Noon, el de fotografia para Nick Knowland por su trabajo -en blanco y negro- para The Institute Benjamenta, el filme más irritante de la selección, y el de guión fue para Eliseo Subiela por No te mueras sin decirme adónde vas. El premio más aceptado y aplaudido fue para el divertido cortometraje de. animación How to make love to a woman, de Bill Plymton.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de octubre de 1995

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