Cartas al director
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Herencia

La peor herencia que nos dejó Franco fueron sus 40 años de educación totalitaria, que han incrustado en muchos la idea de que no se puede vivir sin un gobernante fuerte, un jefe. El cambio ha consistido sólo en pasar de tener un amo impuesto por las armas a otro aceptado mayoritariamente, lo que es aún más degradante desde el punto de vista moral. Y aún no escarmentados, muchos no suenan siquiera en cambiar de sistema, sino sólo de amo, buscándolo desesperadamente a derecha o izquierda cuando se muere, se va o se desmorona el amo anterior, como Franco, Suárez o González.En vez de luchar por una auténtica democracia, con partidos de verdad, es decir, partidos, trozos, demasiados españoles educados por la dictadura (o por los educadores educados entonces) intentan recomponer un partido único (o lo que en la práctica es lo mismo, como estamos viendo), un partido mayoritario. Se huye de los partidos de tamaño mediano en vez de fomentarlos, cuando en realidad, por su misma capacidad media -y aun aparte de su idología-, esos partidos de, tamaño medio frenan el absolutismo del poder y salvaguardan la libertad de los ciudadanos.

Incluso muchos de los que presumen de no querer jefes se les rinden incondicionalmente de hecho, practicando una abstención que -máxime con la actual ley electoral- favorece descaradamente la formación de una mayoría absolut(amente) (anti) democrática.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 08 de octubre de 1995.

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