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El almirante AIvarez Arenas quiere abrir la Real Academia Española al mar

Ocupará el síllón 'b', vacante tras la muerte del cardenal Tarancón

Eliseo Álvarez Arenas, de 72 años, almirante de la da en la reserva, acaba de ser nombrado nuevo miembro de la Real Academia Española (RAE). La escasa presencia de representantes del mundo militar en los círculos literarios hace que su elección sea especialmente llamativa. El nuevo ocupante del sillón b, en sustitución del cardenal Tarancón, anuncia que va con la intención de Hevar el mundo de la mar al diccionario y asegura, convencido, que en los cuarteles se habla un español tan deficiente como en cualquier otra parte.

Militar como su padre y muchos miembros de su familia, el almirante Eliseo Alvarez Arenas escribe desde que era un adolescente. Aunque cuenta con una amplia bibliografía de temas bélicos y escribe artículos para los periódicos, confiesa que desde siempre ha estado interesado en la poesía, aunque no ha llegado a publicar. De momento, asegura que no ha empezado una lista con los términos que quiere llevar al diccionario. "E s complicado porque, aun suponiendo que la Academia me haya elegido para remozar o reactualizar vocablos o expresiones, es un trabajo muy complejo. Todo el argot y la terminología marítima es complicado siempre, y mucho más en un país y una lengua como la de España, en la que hace muchos años que nos hemos olvidado del mar. De la mar y del mar hablamos poco en España, y si lo hacemos es con poca propiedad. O mal, directamente. Mi aportación modesta y torpe a la Academia podría consistir en mover la atención de los españoles hacia las cosas de la mar: a sus términos, sus vocablos, y sus expresiones".Afirma el nuevo académico que la poesía es totalmente compatible con el mundo militar y que él mismo ha escrito mucha, aunque no ha encontrado editores. "La tengo metida dentro, pero la verdad es que ahora no publico ni las cosas puramente profesionales, porque los editores me huyen. Creo que todo ser humano es un poeta en el fondo".

Entre sus obras publicadas se encuentran El español ante el mar, Teoría bélica de España, Idea de la guerra, Investigaciones estratégicas y Del mar en la historia de España. Cuando se le sugiere que tal vez no encuentre editores porque no parecen títulos muy vendibles, contesta que no sabe la razón: "Antes me editaban los libros con facilidad, pero ahora es verdad que me huyen. No creo que sea porque no estén de moda".

Sobre la aportación que puede hacer al idioma desde el ámbito militar vuelve una y otra vez al mar. "El diccionario marítimo es tan extenso y antiguo, y tan necesario, que no puedo poner casos concretos. El vocabulario marítimo tecnológico ha traído una serie de vocablos que conviene depurar antes de que sea tarde. Ocurre también con otras lenguas. Aquí, la depuración de esos términos la haré yo o quien corresponda, pero el impacto de la terminología moderna en la guerra es muy grande, y creo que estamos en una fase cómoda en la que se adoptan las palabras sin adaptar. Conviene depurar, porque caemos en errores o torpezas literarias que hay que evitar para no dejar a los sucesores difíciles de enniendar".

Recuerda que el último militar que entró en la Academia fue Diez Alegría. Antes estuvieron el almirante Guillén, el almirante Estrada y el duque de la Torre. "Podemos trabajar con los términos sobre la tecnología de la guerra. Los españoles debiéramos cuidar la adopción de los Vocablos dándoles veracidad".

El español en los cuarteles

¿Se habla un buen castellano en los cuarteles? "Donde no se habla bien es en España. Los españoles no hablamos bien, y por eso no es raro que en los cuarteles o en los barcos, en los ejércitos, en la Marina, no hablemos debidamente.

Es un defecto de todos los españoles, porque no hacemos caso a la Academia, maestra del idioma que explica a todos, no sólo a los profesionales de las armas, cómo tenemos que hablar. Esto incluye también a los periodistas. Por comodidad, no nos esforzamos en aprender bien el español. La culpa es de todos".

¿Hay términos militares obsoletos o habitualmente mal utilizados? "Probablemente, sí", responde. "Uno de mis traumas literarios es que en español siempre ha habido unos términos militares o generales referidos a lo militar que han sido clásicos. Hace tiempo se decía militares y paisanos, como términos contrapuestos. Ahora decimos militares y civiles. Porque los americanos dicen civiliens y nosotros, por vaguería literaria, traducimos por civiles, cuando antes los únicos civiles eran los agentes de la Guardia Civil. Me gustaría que mi trabajo sirviera para evitar esta clase de cosas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de mayo de 1995