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Franco Zeffirelli defiende la pena de muerte

El director repondrá en Sevilla su versión de 'La Bohème', de Puccini

"Soy un conservador iluminado", dijo, ayer en Sevilla, y con sorna, el director teatral y cineasta Franco Zeffirelli (Florencia, 1924) sobre sí mismo. Zeffirelli, que desde el día 3 de febrero repondrá su versión de La Bohème, de Puccini, en el teatro de la Maestranza de Sevilla durante tres funciones, volvió a reiterar ayer su recetario político: "Pena de muerte para todos los que cometan crímenes contra los animales y la gente honesta".

Por sus posicionamientos severos y ultraconservadores, tan antagónicos de la aparente espiritualidad de sus películas, Zeffirelli fue bautizado hace años en la prensa italiana como Doctor Jekyll del cine y Mister Hyde de la película. Ahora, además de montar teatro y óperas y de dar auto de fe artística de su profundo catolicismo, Zeffirelli es senador por invitación personal de Silvio Berlusconi.En Sevilla, explicó ayer su radical recetario político: "Pena de muerte para todos aquellos que cometan crímenes contra la gente honesta, los inocentes y los animales". ¿También contra los toreros?, le inquirió frontalmente un periodista. Zeffirelli se zafó con astucia: "No se debe hablar mal en casa del amigo".

Zeffirelli, que lució en la mano su carta senatorial por la formación de Berlusconi -"'Silvio no ha fracasado. Volveremos. Y estad atentos, los próximos en seguimos seréis vosotros, los españoles"-, elaborará una ley de defensa de la vida. Pero ayer volvió a enarbolar la pena de muerte.

Aborto

En los últimos años, el heredero más directo de la escuela escenográfica de su maestro Luchino Visconti, ha solicitado la pena de muerte para las abortistas -"el Papa es débil y blando con el aborto", dijo-, para los homicidas de animales -"1994 fue un año extraordinario", proclamó ayer: "Por primera vez mataron en China a un hombre que despellejó a un oso panda"- o ha defendido el derecho a la violencia de los tifosi de la Fiorentina, una soflama por la que debió dimitir en 1991 como miembro de la administración del equipo.

Desde esas plataformas, Zeffirelli radiografió ayer el momento artístico y social: "Ésta es una época fea, gris. El mundo está lejos de la creatividad y somos víctimas de los medios de información. La vida, aunque dolce, tiene poco sentido". Sólo el arte nos redime y es "un consuelo" señaló, aunque ahora no refulge como el antiguo. Para el gusto de Zeffirelli, "en los últimos 40 años no ha surgido nada importante". Y el futuro no es menos aciago: "¿La ópera del futuro? No la veo. No existe",dijo, con evidente pesimismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 1995