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Tribuna:

Tengo que decirles a los terroristas...

Es muy difícil evocar el recuerdo de un amigo recién asesinado. El pudor y la decencia me invitan a callar. Pero el amor de mi compañero hacia España me obligó a entregar a EL PAÍS este texto, esta burla al destino, que redactó cuando ya había alcanzado la esencia de un héroe de tragedia griega mientras está finalizando el siglo XX. Tal vez éste es el fondo de nuestra... iba a decir tragedia.Tahar Mejdoub (periodista).

Tengo que decirles algunas cosas a los terroristas. Para empezar, que no me están facilitando en absoluto el trabajo. Un trabajo que ya es suficientemente complicado sin ellos. Cada día que Dios crea tengo que estrujarme el cerebro para escribir una columna, encontrar un tema ameno, darle el carácter ligero y espritual que los lectores esperan de mí como algo natural, como si se tratase únicamente de abrir un cajón para encontrarlo... en resumen, vivo cotidianamente un calvario tan duro, que me pregunto cómo los terroristas pueden llegar a ignorarlo. ¿Es que no tienen entre sus filas a algún humorista que pueda entender los sufrimientos de un colega?Vamos a ver. Por ejemplo, me gustaría decirles esto: me tiraron varios balazos en dos ocasiones. A este ritmo acabaran matándome, ¿no? Y eso tengo que decírselo a los terroristas, decirles que este juegecito es mortal. ¿Tal vez ignoran que los balazos de los revólveres pueden hacer daño y matar?Sin embargo si sólo tuviera que decirles esto a los terroristas... Por ejemplo. ¿Saben que me están provocando una bronca con mi mujer, mi compañera fiel y amante desde hace veinte años? ¿Por qué? Simplemente porque no he conseguido convencer a m¡ tierna media naranja, de que si no regreso a casa algunas noches, es unicamente por precaución. Mi mujer no me cree. La última vez, para acabar con sus sospechas, sobre mi fidelidad, le expliqué que había pasado la noche con un amigo del diario. ¡Pero hay que ver la mirada que me lanzó mi mujer! Estoy seguro que no acababa de creerme.

Si sólo tuviera que explicarles esto a los terroristas... Otra cosa; cuando tengo que andar dando rodeos como si fuera un indio para burlar la vigilancia de los confidentes de los terroristas que espían mis costumbres. Cuando, por ejemplo, intento borrar las huellas, andando hacia atrás para entrar en casa para hacerles creer que estoy saliendo, o a la inversa, para hacerles creer que estoy entrando. No sé si mi estratagema ha logrado engañar al enemigo, pero sí sé, sin embargo, que mi comportamiento llamó la atención de los vecinos que aconsejaron a mi mujer hacerme examinar por un psiquiatra. Tengo que deciles que a menudo haciendo estos jueguecitos de indios, pierdo verdaderamente la brújula hasta el punto de que no sé si estoy entrando en casa y tratando de hacerles creer que salgo o si estoy practicando la táctica inversa.

Si sólo fuera eso lo que tengo que decirles a los terroristas..., eso y los largos rodeos que me veo obligado a hacer en coche para burlar su vigilancia, cuando el periódico está sólo a un cuarto de hora de casa. Cada mes me trago en gasolina todo el presupuesto familiar. Debería dejar el coche e ir caminando. Pero podría ser peligroso. ¿No es cierto? Tengo que decirles...

Pero sobre todo hay una cosa que quisiera que supieran los terroristas. Siguiendo los consejos de los amigos que se preocupan por mi seguridad he cambiado mi aspecto físico, modificando algunos detalles: me he afeitado los bigotes, me he cortado muy corto el pelo, he cambiado mis gafas por unas lentillas. ¡Si vieran el resultado! Simplemente me he convertido, en una persona irreconocible. Hasta el punto de poder pasar sin ningún riesgo entre dos filas de terroristas. Pero en la calle tampoco nadie me reconoce. Se acabaron los saludos, las palabras amables, los gestos de simpatía. Nada de nada. Tengo la impresión de haber desaparecido, de haber muerto. Y a veces este sentimiento es tan intenso y tan fuerte que abro el periódico para ver si anuncian mi asesinato.

Esto es sobre todo lo que quiero decirles a los terroristas.

Said Mekbel, director de Le Matin, de Argel, fue asesinado el 3 de diciembre. Este es su último artículo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de diciembre de 1994