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Crítica:TEATRO
Crítica

Lírica

Una bonita muchacha casi desnuda colgada por los pies, unas piedras tumbales con inscripciones en lengua árabe, son teatro: como unas noticias de periódico referidas a la persecución de seres humanos por la xenofobia, o por otras formas variadas del nazismo. Me lo aclaro a mí mismo (refiriéndome a la mitad de la obra que pude ver por desajustes entre su horario y el mío previsto), porque dudaba de si la lectura poética o el remedo de danza, y el silencio, podían constituir otra cosa.En realidad, teatro es todo lo que se hace y dice en un escenario, y escenario es todo espacio que se considere como tal, colocados como estemos él y nosotros. Nosotros, en este caso, rodeando, pegados a la pared como las solteronas antiguas en el salón de baile, el enorme vacío; intimidados. Todo esto es una metáfora lejana y amplia del Infierno de Dante, siempre transitando por el tiempo, con más metáforas de palabras -metáfora de metáfora-, de Quevedo a Marqueríe pasando por Jim Morrison. Todo lo que pasa en el Pradillo me suele interesar; y esta compañía de La Tartana y este autor-director persistente en su estética tienen una emoción lírica. Lenta. Eché de menos el fragmento perdido; trataré de capturarlo otra vez.

Comedia en blanco i infierno

De Carlos Marqueríe. Actores y bailarines: Elena Córdoba, Juan Loriente, María José Pire, Nekane Santamaría. Coreografía: Elena Córdoba. Escena, iluminación y dirección: Carlos Marqueríe. Festival de Otoño. Teatro Pradillo, 13 de octubre.

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