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El accidente de Chernóbil liberó mucha más radiactividad de la admitida por los soviéticos

El núcleo del reactor se fundió durante varios días sin llegar a penetrar en el subsuelo

Un estudio realizado por un ingeniero nuclear del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), de EE UU, revela que el accidente de la central de Chernóbil, en 1986, liberó de cuatro a cinco veces la cantidad de radiactividad admitida públicamente por los funcionarios soviéticos y aceptada por la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA). Además, las medidas de seguridad tomadas por el Ejército soviético no tuvieron el efecto deseado, según el estudio, que corrobora otros hechos por científicos rusos y ucranios, pero nunca publicados.

Alexander Sich, de 31 años, midió las cantidades de varios elemenentos radiactivos que permanecen en el núcleo fundido del reactor que explotó. Según sus cálculos, fue liberado al ambiente entre el 60% y el 80% del isótopo radiactivo de cesio, el cesio 137, que había en el núcleo. La cifra oficial soviética, aceptada por la OIEA, es el 13%, que Sich califica de ridícula.Basándose en los resultados obtenidos para el cesio 137 Sich estimó que fueron liberadas cantidades similares de otros isótopos, como los de iodo y teluro, en contradicción con estimaciones soviéticas mucho mas bajas.

Los datos de Sich, que obtuvo a lo largo de la realización de su tesis doctoral en el MIT, confirman resultados obtenidos antes por científicos rusos y ucranianos así como los obtenidos por otros métodos tales como la lluvia radiactiva procedente del accidente en Europa, Asia y el Golfo Pérsico. Pero los rusos y los ucranios no pudieron publicar sus resultados en Occidente y los otros resultados nunca habían sido confirmados por estudios in situ.

Norman Rasmussen, catedrático de ingeniería nuclear en el MIT que supervisó la tesis de Sich, afirma que el estudio ha permitido "tener más confianza" al concluir que se liberó mucho más radiactividad que la admitida por los soviéticos. "Ahora que lo hemos hecho de las dos formas, nos sentimos mucho mejor sobre las conclusiones". Sich, que es de origen ucraniano y habla ruso y ucraniano, estuvo 18 meses en el lugar, más tiempo que cualquier otro científico occidental.

David Ky, portavoz de la OIEA, dijo que los expertos de la organización no han visto todavía la tesis de Sich pero que sus conclusiones son sorprendentes. "Estas cifras son mucho más altas que cualquier estimación anterior", dijo Kyd. Admitió, sin embargo, que los funcionarios de la OIEA nunca han estado en el interior del sarcófago que rodea el reactor destruido, y que la organización no ha podido realizar ninguna estimación independiente.

Sich señaló que los funcionarios soviéticos creyeron que habían reducido la cantidad de radiactividad liberada porque utilizaron helicópteros para tirar sobre el reactor más de 5.000 toneladas de materiales absorbentes de la radiación, incluyendo arena, arcilla, plomo y boro. Pero incluso una inspeccion somera de la montaña de 15 metros de alto de escombros de estos materiales revela que no alcanzó su objetivo por 10 o 15 metros. Por razones desconocidas, nadie había publicado este hecho obvio hasta que Sich llegó a Ucrania.

Al ver que el núcleo no se encontraba cubierto, Sich decidió buscar en él los materiales absorbentes y no encontró ninguno. El núcleo se había fundido y filtrado como si fuera lava en los pisos inferiores del edificio. La reacción en cadena descontrolada tuvo que acabarse por sí misma, dice Sich, probablemente al, séptimo u octavo día del accidente.

En total, afirmó Sich, el accidente liberó al menos 185 millones de curies de radiactividad, y eso haciendo una estimación por lo bajo. La cifra soviética es de 50 millones de curies. Un curie es la cantidad de radiactividad contenida en un gramo de radio.

Sich dijo que sus datos sugieren que se vuelva a estudiar la cuestión de los cánceres inducidos por la radiación y las afecciones de tiroides en la región de Chernóbil. En 1991, los científicos occidentales realizaron un estudio patrocinado por la OIEA en el que concluyeron que los efectos sobre la salud serían muy pequeños.

Sich criticó a la OIEA y a otros organismos internacionales por ignorar informes anteriores sobre el hecho de que el plomo y boro no cayeron sobre el lugar adecuado. Se mostró indignado porque haya tenido que ser un doctorando el que halle lo que verdaderamente pasó a los ocho años del accidente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de febrero de 1994