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Entrevista:

"El problema no son las armas, sino la gente que quebranta la ley

Washington
Tom ClancyEscritor Tom Clancy es autor de violentos best-sellers en los que las armas son protagonistas. Por su séptima novela, Sin remordimientos, que acaba de aparecer en castellano publicada por Plaza & Janés, su editor norteamericano le pagó 1.700 millones de pesetas. Clancy habló con EL PAÍS en su casa de la bahía de Chesapeake, una fortaleza con galería de tiro y un tanque en el jardín.

La conversación se desarrolla en la mansión de Tom Clancy, la misma ;donde sitúa el hogar de Jack Ryan, el protagonista de sus novelas. La casa es una especie de fortaleza militar, enorme, carísima y recargada, frente a la bahía de Chesapeake, en el estado de Maryland, a unos 70 kilómetros de Washington. En el jardín hay un tanque de verdad, desde el que Clancy dispara de vez en cuando para mantenerse en forma. Fue un regalo de su mujer que se suma a una galería de tiro particular, una colección de pistolas y toda clase de equipo militar.Clancy, de 46 años, se muestra mucho más dispuesto a hablar de armas y política que de literatura. No es capaz de mencionar un solo nombre de escritor en español y confiesa no haber leído Cien años de soledad. Sus opiniones reflejan las de los sectores más conservadores de EE UU. En menos de una década y con siete libros -dos de ellos llevados al cine: La caza del octubre rojo y Juego de patriotas- se ha convertido en multimillonario y por su última obra, Sin remordimientos, cobró como anticipo 14 millones de dólares (unos 1.700 millones de pesetas).

Pregunta. ¿Por qué todas sus novelas son best seller?

Respuesta. No lo sé. Parece que a la gente le gustan mis libros. Cuando escribí La caza del octubre rojo, no era mi intención escribir un best seller. Quería escribir el mejor libro que pudiera, y no creí que fuese un best seller, porque no había sexo.

P. ¿Sabe que ha introducido una revolución en las novelas de espías? Antes de Jack Ryan, todos los protagonistas de esas novelas estaban obsesionados con el sexo y ahora son modelos de castidad.

R. Lo hice aposta. Creo que el espía medio es un tipo como los demás.

P. ¿Cree que su último libro es violento?

R. Creo que es el menos violento de todos los míos en cuanto al número de muertos.

P. ¿Este mundo de la posguerra es todavía una fuente de inspiración para sus novelas?

R. La literatura no va a cambiar. Todavía hay suficiente gente mala en este mundo de la que me puedo preocupar. Estaría loco si dijera que siento que la guerra fría haya terminado porque no tengo temas.

P. Hablando de violencia en este país, ¿qué le parece la ley Brady [polémica ley para el control de la venta de armas de fuego]?

R. La ley Brady no servirá para nada.

P. ¿Por qué no?

R. El problema no son las armas, sino la gente que quebranta la ley. En Nueva York, en 1943, hubo un total de 44 asesinatos, 44 en un año entero... El año pasado hubo casi 2.000. Ahora, ¿qué es lo que ha cambiado en Estados Unidos de 1943 a 1993? Lo que ha cambiado es la manera de tratar a los criminales. Por aquel entonces, el trato era mucho más duro y, por tanto, teníamos menos crimen.

P. ¿Está a favor de la pena de muerte?

R. Sí. No me gusta, pero funciona.

P. ¿Qué método cree mejor?

R. La única cosa que hay que hacer es matarles. No me importa cómo... No quiero quemarles en la hoguera, no es un proceso limpio... El propósito no es causar sufrimiento, sino matar. Por tanto, lo que sea la manera más cómoda. Por electrocución, inyección letal... Simplemente que se les mate, a mí me da igual.

P. ¿No tiene ninguna objeción moral a la pena de muerte?

R. No es que me guste, pero mi objeción moral es mayor frente a un asesinato que frente a una ejecución.

P. ¿Conoce algún escritor en español?

R. Tal vez sí, pero no le podría decir.

P. ¿Ha leído Cien años de soledad?

R. No. Lo siento.

P. ¿Qué recuerdo guarda de los años de Reagan?

R. Funcionó para mí. Funcionó para mucha gente. Y también acabó con el comunismo. Cuando Reagan llegó, existía la amenaza de guerra mundial entre el Este y el Oeste. El Oeste ganó. Y ganamos sin guerra.

P. ¿Hay ahora una guerra entre los pobres y los ricos en Estados Unidos?

R. ¿En Estados Unidos? No. No, la violencia en las ciudades norteamericanas no es entre pobres y ricos, es entre pobres y pobres.

P. ¿Mandaría soldados norteamericanos a Bosnia?

R. Rotundamente, no.

P. ¿Por qué?

R. ¿Con qué propósito? ¿Por que tienen que ir allí?

P. ¿Qué hacen en Somalia?,

R. Más que nada, estamos provocando la muerte de más chicos americanos y no sé por qué. No envías las Fuerzas Armadas a una guerra, a menos que estén implicados los intereses nacionales de tu país.

P. ¿Piensa entonces que los intereses norteamericanos estaban en peligro en Panamá o en Granada?

R. Panamá es uno de los intereses nacionales más importantes de Estados Unidos. Construimos el canal para que pudiéramos mover toda la Marina de un Océano a otro... Interesa a nuestro país, por eso lo construimos. En Granada, intentamos prevenir la expansión comunista y la influencia cubana. Eso también estaba dentro de nuestros intereses.

P. Recientemente, el general Colin Powell dijo que el pueblo norteamericano aceptaría a un negro como presidente... o a una mujer. ¿Qué opina?

R. Depende de quién sea la mujer y el negro. Por ejemplo, Margaret Thatcher, sí. Hillary Clinton, no. Colin Poweel, sí. Jesse Jackson, no.

P. En Pánico nuclear ofrece una solución para Oriente Próximo. ¿Qué le parece el plan de paz real?

R. La solución tiene que funcionar y nada más. Es casi una blasfemia que siga habiendo guerra en la principal ciudad santa del mundo.

P. ¿Por qué cree que la nueva tecnología es tan eficiente en la guerra y tan ineficaz en la lucha contra el tráfico de drogas?

R. Bueno, ¿por qué sirve un martillo para clavar clavos pero no sirve para atornillar?

P. Pero se puede fabricar un destornillador con la tecnología.

R. No es lo mismo, No hemos tratado el problema de las drogas de una manera inteligente. El problema con el uso de drogas en América no es Colombia. El problema son los ciudadanos norteamericanos que quieren utilizar las drogas.

P. ¿Piensa que la solución sería legalizar las drogas?

R. No. Para nada.

P. ¿Entonces?

R. Haces que sea ilegal tener y usar drogas y castigas a la gente por ello.

P. Si la situación de los drogadictos es la misma que la de los alcohólicos, ¿por qué darles diferente trato?

R. ¿He dicho que no debemos barrer los borrachos de la calle? Sí, creo que podemos hacer eso también. A la gente le das dignidad y se queda tal como está en vez de intentar mejorar. El fracaso no se institucionaliza; se intenta rectificar. Se rectifica el fracaso advirtiendo a la gente que se paga un alto precio por él.

P. ¿Cree que se ayuda a la paz dando armas a los criminales?

R. Hay entre 250 y 300 millones de armas en EE UU. Es poco probable que el ciudadano medio, que ama la paz y que tiene su pistola porque le gusta cazar, o simplemente porque quiere defender su casa, hiera a alguien con esa pistola. Por lo tanto, la verdad es que donde más armas hay en EE UU es donde más paz hay.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de noviembre de 1993