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Mano tendida a Moscú

Juan Pablo II tendió ayer una mano hacia a Moscú más abierta de lo que podía esperarse, ya que no sólo fue dirigida a las autoridades de la Iglesia ortodoxa, con las que las relaciones del Vaticano se han deteriorado por problemas de proselitismo que comprometen el diálogo ecuménico. El Papa tuvo también gestos favorables para el Gobierno ruso, animando a colaborar con él a los católicos, del mismo modo que pidió a las autoridades lituanas que faciliten la integración social, sin venganzas, de sus ciudadanos de origen ruso.

"Todos seguimos con gran interés los esfuerzos que Rusia está haciendo para promover un periodo de libertad y solidaridad mas sólidas. Sé que los católicos contribuirán junto con las demás iglesias cristianas a que se logren los objetivos de prosperidad que todos deseamos para Rusia", dijo el Papa durante el rezo del Angelus. Este clima de deshielo puede favorecer su deseo de visitar Moscú próximamente.

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