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Tribuna

José María Cruz Novillo, una versión limpia de nosotros mismos

Las icónicas creaciones del diseñador, que ha muerto a los 89 años, simbolizaron el cambio político y social vivido por nuestro país durante los años setenta y ochenta

José María Cruz Novillo, en su estudio, en 2018. Samuel Sánchez

José María Cruz Novillo, que ha fallecido este sábado a los 89 años, demostró que una sola persona puede rediseñar, a su estilo, todo un país. Y lo hizo a base de rectas, curvas y contundentes figuras geométricas. En España, los trenes, los buzones de correos, los billetes (en pesetas), las papeletas electorales, las gasolineras, las comisarías de policía, varios periódicos, una emisora de radio, una cadena de televisión nacional y hasta el grupo Prisa (del que forma parte EL PAÍS), han lucido —o todavía lucen, en muchos casos—, sus icónicos diseños, incrustados para siempre en la memoria cotidiana y sentimental de los españoles porque simbolizaron el cambio político y social vivido por nuestro país durante los años setenta y ochenta.

La Transición política del Estado fue, a la vez, la transición estética de sus instituciones, que quisieron vincularse a los ciudadanos con una imagen más moderna y accesible, una especie de traducción gráfica de los valores democráticos. El diseño fue, por fin, en España, una herramienta de renovación social, y gracias al trabajo de una portentosa generación de pioneros del diseño —entre los que se encontraban, además de Cruz Novillo, Alberto Corazón, Carlos Rolando o Emilio Gil— los ciudadanos pudieron verse reflejados en unas instituciones renovadas.

Cruz Novillo sobresale entre todos ellos, primero, por la amplitud de su trabajo. Para valorar la presencia de su obra en nuestra vida diaria bastaría con recitar de corrido la desmesurada lista de clientes que recurrieron a su talento. Es casi un juego recordar todos los organismos públicos y empresas con imagen corporativa creada por su estudio: el PSOE, Correos, Renfe, Repsol, El Mundo, la Cadena Cope, el Cuerpo Nacional de Policía, Antena 3, el Banco Pastor, el Tesoro Público, la Comunidad de Madrid, Endesa... Sobresale, también, por lo depurado de su estilo.

Como ilustrador y como diseñador, Cruz Novillo fue un maestro en la síntesis gráfica llevada a un extremo casi irónico. Un ejemplo: en su escudo de la Policía, el león aparece reducido a tan solo una línea curva atravesada por dos líneas rectas; pero de alguna manera sigue siendo un león reconocible. Esa sencillez, el ingenio y la contundencia gráfica de las marcas creadas por Cruz Novillo las hace a la vez muy reconocibles e intemporales, y quizá sea esa la clave por la que sus diseños conservan, a través de las décadas, un vínculo emocional con los españoles. Cruz Novillo puso rostro gráfico a la ruptura con el pasado, y en sus diseños los españoles pudimos ver una versión en limpio de nosotros mismos.

Termino con una reclamación: es hora de que se acelere la creación de un Museo Nacional del Diseño. En esta generación de creadores gráficos está el origen de la imagen actual de España en el mundo. Si no se dan prisa, todas las exposiciones de agradecimiento y homenaje serán póstumas.

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