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Papel estelar como revisor de la Renfe

Andrés Fernández Rubio

Los escritores que anoche celebraron en Madrid el recuerdo de Juan Benet consiguieron hacer reír en numerosas ocasiones a la concurrencia, lo que le dio al homenaje un aire festivo muy a tono con la personalidad arrebatadoramente humorística que todos coincidieron en atribuirle al autor de Volverás a Región.

Vicente Molina Foix se refirió al talento histriónico de Benet, que alcanzó una pequeña proyección pública cuando un grupo de amigos decidió que no se podía echar a perder en el círculo familiar. "Y le convencimos para formar una pequeña compañía que de manera más organizada hacía representaciones, generalmente en su casa de la calle Pisuerga y a veces fuera", contó Molina Foix. "Recuerdo que en una ocasión actuamos en una fiesta de Jaime García Añoveros con todo nuestro repertorio. La compañía la formábamos esencialmente Juan García Hortelano, Natacha Seseña, Juan Benet y yo, y a veces, como estrella invitada, Jaime Salinas".

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El número favorito de la compañía, que era también el más solicitado, era la escenificación de la visita de una familia argentina a España. Molina Foix representaba al marido, Natacha Seseña a la mujer -"con un excelente acento porteño"-, Juan García Hortelano al niño de la familia y Juan Benet al revisor de la Renfe. "García Hortelano se caracterizaba maravillosamente de niño con un pañuelo en la cabeza con cuatro nudos", recordó Molina Foix, "y yo, como padre arisco, constantemente le daba cortes al niño porque, en vista de lo que la Renfe, es decir España, le deparaba en ese viaje (todo sinsabores, groserías, anuncios constantes de la llegada a Motilla del Palancar ... ), no cesaba de gritar, en la voz de García Hortelano: '¡Mamá, yo quiero ir a Punta del Este!'"-.

El cese del ministro

En el repertorio de la compañía también había algún otro número de un género un poco más selecto. "Y ahí intervenía a veces Jaime Salinas, en las piezas un poco nórdicas" dijo Molina Foix. "Benet tenía obsesión por el cineasta Dreyer, yo había tratado de convencerle de que era un gran maestro aunque a Benet no le acababa de entrar; aunque algo le había quedado, porque en una de las representaciones hacíamos a la manera de Dreyer, y era una escena muy hermosa, el cese de un ministro. Con gran parsimonia, con toques del cine mudo, muy expresionista".

"Por último", dijo Molina Foix para señalar la amplitud y exquisitez del repertorio, "había algunas piezas de kabuki, que hicimos muy pocas veces porque era un género muy dificil".

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