"Ya hay toros para los 'sanfermines'

La ayuda social a los ancianos y la pureza de la fiesta, ejes de la feria de Pamplona

El 6 de julio saltará el chupinazo tradicional desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona, seguido del "¡Viva san Fermín!", que contestarán miles de mozos congregados en la plaza consistorial, y dará comienzo la gran feria y fiesta universal pamplonesa, que concita la exaltación del toro bravo. Encierros mañaneros y corridas de toros con lo mejor de las ganaderías de bravo -que ya ha sido seleccionado-, darán emoción, alegría y bullicio a los nueve días sanfermineros y servirán para continuar una labor asistencial en favor de los ancianos de Pamplona, que inició en 1706 la Casa de Misericordia.

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La Meca es una institución muy querida y respetada en Pamplona y en toda Navarra. Los pamploneses llaman a la Casa de Misericordia por este nombre, que le viene de la abreviatura MCA, con que la mencionaban los textos antiguos. Acoge a unos 600 antiguos y sus recursos proceden de las cuotas que éstos abonan, de donativos y legados, de las espectáculos en el coso -que es de su propiedad- y de los encierros y otros festejos sanfermineros.Ignacio Cía dirige la Casa de Misericordia desde 1966, y es su preocupación, compartida por los miembros del patronato de la institución y los de la comisión taurina -que preside el notario José María Marco-, organizar unas corridas de San Fermín que respondan exactamente a su rúbrica -Feria del Toro-, y produzcan beneficios para cubrir los fines asistenciales de la entidad.

Dada la imposibilidad práctica de incrementar las nueve corridas de la feria, Cía y la comisión taurina estudian institucionalizar el San Fermín Chiquito, que tendría lugar en septiembre. Los ensayos realizados, sin embargo, no tuvieron ningún éxito. "El del año pasado", dice José María Marco, "se celebró en las mejores condiciones imaginables: tiempo espléndido, magnífico ambiente- y una organización impecable. Pero sólo hubo media entrada. Lo que se tradujo en pérdidas, pues si los ingresos por taquilla compensaban el presupuesto de la corrida, no consiguieron absorber los costes del encierro, que entre el montaje del vallado y otros gastos, superan los 7,5 millones de pesetas".

El caso contrario se da, naturalmente, en la Feria del Toro, quizá la única en España que tiene asegurada la venta total de billetes. Hay más de 17.000 abonados, en su mayoría pamploneses y el resto procedentes de todas partes del mundo. La comisión taurina ya está perfilando las contrataciones de toreros, si bien sus componentes se muestran extraordinariamente cautos respecto a los resultados: ni un solo nombre quisieron mencionar.

Espadas navarros

En cuanto a los espadas navarros de nueva hornada -Sergio Sánchez y Paquiro- comentaron que sería lógica su inclusión en algún cartel. En cambio, los toros ya están designados y próximamente la comisión visitará las respectivas ganaderías, para comprobar si tienen el trapío que se exige en las corridas sanfermineras. Vendrán las clásicas de los últimos años-CebadaGago, triunfadora en la edición de 1992; Sepúlveda y Miura- y este año se sumarán las de Torrestrella y Pablo Romero.

La gran expectación que suscita la Feria de San Fermín no es indicativa de que haya una relevante afición a los toros en Pamplona. Por el contrario, los aficionados casi podrían circunscribirse a los del club taurino y pocos más. Ahí están, por ejemplo, el abogado Eugenio Salinas, que presidió la comisión taurina de la Meca hasta hace dos años, y sigue perteneciendo a ella por pura afición; o el ya mencionado José María Marco, con su padre, también notario, que forma parte asimismo de la comisión; el médico José María de Andrés; Jorge Ramón Sarasa, organizador de la corridas landesas.

Y está el propio Ignacio Cía, pintor inspiradísimo de escenas taurinas, aunque forman parte de una obra pictórica más amplia e importante. Estos días expone en un hotel de Pamplona varios de sus cuadros, muestra compendiada de su vasta temática, y en su mayor parte músicos en Montmarte, la florista de la Giralda, paisajes del banco verde y el banco rojo, el retrato de su hija Teresa- son, realmente, deslumbrantes.

Fuera de los contadísimos cenáculos taurinos, Pamplona permanece totalmente ajena a la fiesta de los toros durante la invernada. Se diría que los pamploneses ni siquiera se acuerdan ide ella. Mas ya llegará San Fermin, y en cuanto salte el chupinazo, no habrá en el mundo celebración que congregue tanto público y suscite tanta pasión en torno al toro de lidia y al arte de torear.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 21 de febrero de 1993.

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