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"La tierra olvidada por Dios"

Un millón y medio de somalíes se encuentran al borde de la muerte por inanición

ENVIADO ESPECIAL"La tierra olvidada por Dios", "la peor crisis humanitaria del mundo en la actualidad" o "es como si hubiese caído la bomba atómica" son expresiones vertidas por quienes han estado en Somalia y quieren describir la situación que atraviesa el país, destruido por una incomprensible guerra civil que mata de hambre cada semana entre 3.000 y 5.000 personas. Entre los afortunados están los alrededor de 1.000 refugiados que, enfermos y exánimes, cada día cruzan la frontera con Kenia, que ya acoge a unos 370.000.

La ayuda internacional que So,malia recibe apenas cubre la mitad de las necesidades, y su distribución es una hercúlea tarea constantement e socavada por el pillaje de bandas armadas incontroladas. En consecuencia, 4,5 de los 7 millones de somalíes requieren alimentos con urgencia, y de ellos, 1,5 están al borde de la muerte por inanición.La frontera de-Kenia con Somalia y la propia costa keniana están salteadas de campos de refugiados, y ayer mismo se esperaba la llegada de un par de barcos con varios cientos de huidos -muchos más lo hicieron a pie a través de ' la frontera común- La policía keniata inició ayer una operación de peinado en los barrios pobres de Nairobi en los que se .han instalado centenares de refugiados procedentes'de Somalia en lo que las autoridades denominaron una operación de limpieza destinada a detener los crímenes que han proliferado por la presencia de los reufugiados. Al menos una veintena de personas, entre ellas algunos agentes de la policía, han perdido la vida violentamente en la última semana en las zonas próximas a la frontera con Somalia.

Kenia no duda en responsabilizar a los civiles que huyen desesperados de una guerra en la que se enfrentan dos facciones de los hawiye, la tribu mayoritaria en el desolado país del cuerno africano.

Una guerra que dura ya 20 meses y que deja con la boca abierta hasta a los propios funcionarios de las Naciones Unidas. "No sólo son de la misma tribu, sino qÍue hablan la misma lengua, pertenecen a la misma etnia y nada les diferencia ideológicamente", comenta con aire de incomprensión un funcionario internacional. "Lo único que les interesa es el poder y no están dispuestos a compartirlo".

Antiguos aliados

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Quienes libran el grueso de esta guerra son el presidente provisional,.Alí Mahdi Mohamed, y el general Mohamed Fárrar Aidid. Ambos fueron aliados en la lucha que en febrero del año pasado acabó con los 21 años de la dictadura de Siad Barre. Fue una campaña de unos cortos meses en la que también intervinieron otros grupos y que ahora tiene a Somalia convertido en un verdadero reino de taifas.

Quienes padecen esta guerra son millones de somalíes, cuya situación lleva camino de superar con mucho el listón de la hambruna sufrida por la vecina Etiopía a mediados de la pasada década, elevado entonces hasta el millón de vidas.

"Yo estuve en Etiopía", dice una mujer que trabaja para una organización humanitaria internacional, "y esto es mucho peor". David Andrews, el ministro de Asuntos Exteriores irlandés, visitó días pasados Somalia y a su vuelta a Nairobi se reunió con los enviados especiales. "Es como la tierra que Dios olvidó", dijo. "Es como el fin del mundo. Es como si hubiese caído la bomba'atómica".

La ayuda internacional está empezando a llegar con cierta fluidez a la capital, Mogadiscio, y otras áreas del país, pero apenas cubre la mitad de las necesidades -evaluadas por la Cruz Roja en 50.000 toneladas de alimentos al mes durante un año-. Además, una nada despreciable parte de ella se pierde a manos de grupos de bandoleros en el proceso de distribución, una tarea compleja y tan arriesgada que, por primera vez en la historia de casi todas ellas, las organizaciones humanitarias que operan en Somalia se ven forzadas a contratar a precio de oro escoltas de hombres armados que sólo atienden al mejor pagador.

La Casa Blanca norteamericana expresó el viernes su intención de mandar "tan pronto como sea.posible" ayuda humanitaria a Somalia, pero sin despreciar las dificuldades que entraña la operacion. "A la vista de los ataques a los convoyes de comida perpetrados por bandas armadas, la comunidad internacional debe estar segura que la ayuda, que constará de 145.000 toneladas, será efecti,vamente distribuida a quienes más la necesitan", afirmó un portavoz de la presidencia.

Las Naciones Unidas y las organizaciones internacionales que operan en Somalia tienen puestas ahora sus esperanzas en la llegada a Mogadiscio, probablemente antes de tres semanas, de un contingente de 500 cascos azules encargados de custodiar la zona portuaria y las vías de distribución en torno a la capital, convertida en una ruina donde se arraciman cientos de miles de personas.

La autorización del general Aidid-el hombre fuerte de la situación, que hasta ahora se había opuesto a cualquier intervención de las Naciones Unidas por considerarla una vejación para la dignidad de Somalia- al despliegue de estos soldados es "una señal de buena voluntad por su parte" según un diplomático occidental en Nairobi, quien cree posible que a medio plazo el Consejo de Seguridad acabe autorizando el envío de unos 6.000 soldados a Somalia.

Un equipo técnico de Naciones Unidas concluye hoy una misión de inspección de una semana larga en Somalia y debe presentar inmediatamente un informe con propuestas de solución al propio Consejo de Seguridad. Además del envío de los nuevos cascos azules, los inspectores han discutido con las partes enfrentadas la posibilidad de dividir el país en cuatro zonas diferentes. "No veo una solución fácil al conflicto", confiesa el mismo diplomático occidental.

Repercusiones en Kenia

Kenia, mientras tanto, hace frente como puede al temporal, aunque con ayuda de las Naciones Unidas y otras organizaciones humanitarias. Parte del país, especialmente en el norte y en el este, sufre las consecuencias de la sequía, y los escasos recursos disponibles han de ser compartidos, precisamente en esas zonas con los refugiados.

La violencia y la delincuencia son una constante en las áreas fronterizas donde hasta las propias organizaciones humanitarias son atacadas: a principios del mes pasado, un campamento de un equipo francés de Médicos sin Fronteras sufrió el asalto de una banda armada, que violó a una médica. Nairobi, relativamente alejada de las zonas conflictivas, siente también un incremento de los delitos como resultado de la abundancia de armas procedentes de la guerra del país vecino.

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