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PREMIOS NACIONALES A LA CULTURA

Galardonados el compositor Carmelo Bernaola y el pianista Joaquín Achúcarro

Andrés Fernández Rubio

El compositor y pedagogo Carmelo Bernaola, de 62 años, y el pianista Joaquín Achúcarro, de 55, ambos vizcaínos, obtuvieron ayer los premios nacionales de música, en composición e interpretación, dotados cada uno por el Ministerio de Cultura con 2,5 millones de pesetas.Además de su prestigioso catálogo de música de concierto, Carmelo Bernaola pertenece desde hace muchos años al mundo del cine y ganó un Goya en 1988 por la música del filme Pasodoble. Joaquín Achúcarro puede ser considerado, junto con Alicia de Larrocha, como el pianista español que goza de una carrera internacional más destacada.

Carmelo Bernaola, nacido en Ochandiano, dice que el premio de composición es un reconocimiento que le da fuerzas para seguir. Rechaza ser incluido en el trío de lujo de los compositores contemporáneos españoles, junto a Luis de Pablo y Cristóbal Halffter. Se define como un autor que hace la música que cree que corresponde a su tiempo, y la realizaq con profesionalidad y buen hacer. "Pero no me considero un genio", reitera.

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En el capítulo de disconformidades, critica que el gran público actual reciba la música con los mismos criterios sonoros de la época de Mozart. La esencia melódica, armónica o tímbrica sigue siendo la misma que en siglos pasados en la música popular, el rock o la música de cine. Y, pese a que los soportes han evolucionado mucho, se sigue lanzando al mercado música vendible cuyos esquemas la gente ya conoce.

Carmelo Bernaola señala corno otra de las pistas para desentrañar este complejo asunto la pereza del oyente "para adentrarse en mundos que desconoce".

Interioridad

Por su parte Joaquín Achúcarro ensayaba ayer en Bilbao el Preludio, coral y fuga de César Frank, con vistas a un concierto que ofrecerá en Bogotá en noviembre."Lo estoy degustando ya ahora", dice, "porque el aprender una obra importante de la música no consiste sólo en seguir las líneas de los pentagramas sino en desentrañar su interioridad".

Joaquín Achúcarro ha intentado constantemente alejarse en los ámbitos internacionales de la imagen de pianista especializado en música española y, según dice, en Gran Bretaña es considerado por su Brahms y en Italia por su Debussy y su Ravel, y recuerda cómo en Nueva York, con la Filarmónica, interpretó preludios y fugas de César Frank.

Con su aproximación a estos músicos trata de alcanzar "las irisaciones infinitas de sonido que pueden producir sus obras, estudiándolas a fondo en un instrumento maravillosamente misterioso como es el piano".

Para demostrar la conveniencia de huir de identificaciones exageradas entre nacionalidad y música, pone el ejemplo de un maestro como Rubinstein, que siempre fue aclamado por su interés en la tradición musical española.

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