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EXPO SEVILLA 92

"Orson empezaría el trabajo de nuevo"

La noche del domingo el cine se adelantó a los escaparates del futuro instalados en la isla de La Cartuja sevillana con un antiguo sueño inacabado: el Quijote que nos legó Orson Welles. Cámara en mano, el cineasta rastreó durante dos décadas, a salto de mata, con pasión e ironía, las huellas de Don Quijote en el mundo actual. Repartido por medio mundo en latas de celuloide, ahora por primera vez reunidas, la vieja pesadilla española de WeIles ha servido para inaugurar, de la forma más brillante posible, a base de puro cine, el amplio calendario de espectáculos que ofrece la Expo a lo largo de seis meses y de cuyas primeras entregas informamos en estas páginas.

Oja Kodar, que convivió y colaboró artísticamente con Welles durante 20 años, es la impulsora de la reconstrucción del Don Quijote estrenado el pasado domingo en Sevilla. Kodar, que se encuentra en la ciudad con ese motivo, está muy orgullosa de los resultados del montaje realizado por Jess Franco, pero dice que si Orson Welles viese este Quijote seguro que "empezaría el trabajo de nuevo"."Orson nunca se quedaba satisfecho con nada de lo que hacía", explica. "En Fraude, una vez montado el filme, se le ocurrió una idea nueva y hubo que abrir y volver a montar ¡a película por completo. Si viese ahora Don Quijote seguro que haría lo mismo, ésa era su manera de trabajar".

Oja Kodar explica que no fue esposa de Welles ni es su viuda, y prefiere el término "veinte años de amistad" para recordar una relación que comenzó en un club nocturno de Zagreb, el primero al que iba en su vida la joven y bellísima Oja Kodar. "No lo encontré yo a él; él me encontró a mí", dice. "Yo era sólo una chica guapa por entonces y fui a aquel local acompañada por su operador durante el rodaje de El proceso; yo tendría unos 19 años, y, cuando nos sentamos, WeIles se acercó a nuestra mesa, nos pusimos a hablar los dos y el operador acabó por irse".

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Esa simpatía mutua inicial se acrecentó hasta el punto de que durante mucho tiempo Kodar compartió a WeIles con la legítima mujer de éste, Paola Mori. Oja Kodar, heredera de varias películas y proyectos inacabados del cineasta -"me los dejó no sólo para asegurar mi futuro financiero, sino porque confiaba en mí y en mi sentido del cine"-, resume todos los recuerdos que le quedan de Orson WeIles en una expresión: "Era como una fuerza de la naturaleza".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de abril de 1992