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Reportaje:LA RONDALA REGIÓN POR RUTAS

En pleno valle del Jarama

Torrelaguna se halla en pleno valle del Jarama, a 58 kilómetros de Madrid. Sin embargo, a pesar de esta cercanía y de la enorme riqueza cultural que encierran sus calles, es uno de los lugares olvidados por el turismo de la capital. Su historia, que se remonta a la época musulmana, alcanza su máximo esplendor a principios del siglo XVI. Iglesias, murallas, palacios, conventos, se reparten por su casco urbano, declarado monumento histórico-artístico.De aquella época de auge quedan importantes edificaciones. La plaza Mayor resulta un bello ejemplo renacentista. De ,grandes dimensiones y bien cuidada, está dominada por la iglesia de Santa María Magdalena. Este templo, construido en el siglo XV, guarda en su interior notables obras de arte. Sus tres naves están rodeadas por capillas góticas. Los restos mortales del poeta renacentista Juan de Mena descansan en uno de los laterales de la iglesia. También se guarda un crucifijo que, según la tradición, fue regalado por el papa Alejandro VI a los Reyes Católicos.

En la misma plaza se levanta el Ayuntamiento, un edificio del siglo XVI que conserva el escudo del cardenal Cisneros. En las calles cercanas no es difícil distinguir los símbolos heráldicos de las familias hidalgas de la villa.

En otra de las plazas del pueblo, la de Montalbán, se alza el palacio de las Salinas. En él estuvo preso el arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza. La Inquisición lo encarceló por publicar un catecismo que no contaba con el beneplácito del Santo Oficio. Hoy en día, el palacio está ocupado por la, Guardia Civil.

Dos importantes personajes nacidos en Torrelaguna han dejado su huella en la villa: santa María de la Cabeza, patrona del pueblo, y Francisco Jiménez de Cisneros. Durante la regencia de este último, Torrelaguna ve levantar importantes edificaciones que cambiarán notablemente su aspecto. Hasta principios del siglo XX, la villa se mantendrá como el núcleo urbano más importante de la comarca. En los años sesenta, con el traslado de la cabecera de partido a otro pueblo cercano, comienza su decadencia.

Pasear por las calles de la villa puede llevarnos a descubrir restos. de su primitiva muralla. En el llamado Callejón de las Monjas se conservan los mayores restos de este muro.

La cocina, como en todos los pueblos de la zona, es excelente. Sin embargo, los precios resultan en ocasiones demasiado elevados. La carne de ternera y la de cabrito son las especialidades de la mayoría de los restaurantes.

Quienes, tras la comida, deseen seguir visitando lugares pueden acercarse al municipio de Redueña, a sólo ocho kilómetros. Existe una interesante iglesia dedicada a san Pedro ad Víncula, cuyo subsuelo está horadado por largas galerías usadas por la Inquisición. El interior del templo contiene una interesante escultura románica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de julio de 1991