Seis meses para reciclar residuos vascos

Las acerías de Euskadi se resisten a tratar sus 60.000 toneladas de polvos tóxicos

Las principales acerías de Euskadi se han negado a tratar los polvos tóxicos que producen en su proceso productivo a pesar de disponer de una planta de reciclado en Vizcaya desde 1987. Los costes económicos han podido más que las razones de medio ambiente y los industriales vascos del acero se han negado a reciclar sus 60.000 toneladas anuales de polvos de acerías. La protesta de la organización Greenpeace, denunciando el cargamento tóxico del Baltica ha "revuelto las conciencias en Euskadi sobre el tema de los residuos", según el consejero de Medio Ambiente del Gobierno vasco, Jon Larrinaga, quien ha aceptado el envite ecologista: "En seis meses, vamos a obligarles a que recuperen sus polvos de acerías".

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Como alternativa a la recuperación en la planta Aser, Larrinaga admite a que "inerticen las acerías o y depositen los residuos en un vertedero controlado". Las acerías españolas incluidas en la patronal siderúrgica, Siderinsa, producen al año 80.000 toneladas de residuos en polvo. La producción española total, sin embargo, "se sitúa entre las 90.000 y las 100.000 toneladas anuales", según fuentes del sector. El 60% del total se produce en el País Vasco. Empresas como Aristrain (fábrica de Olaberria) y Acenor emiten 10.000 toneladas cada una; Marcial Ucín y Esteban Orbegozo, 7.000 toneladas, y otras, como Nervacero -la única que ha empezado a tratar sus polvos en Aser-, Victorio Luzuriaga, Fagor-Ederlan y más de 100 pequefias fundiciones, presiden ahora la montaña tóxica.

Problema ecológico

El problema ecológico, sin embargo, comenzó a gestarse hace una década. Entonces, la Administración obligó a las acerías de horno eléctrico a poner filtros para limitar sus emisiones de polvo a la atmósfera. Junto a estas empresas comenzaron a aparecer montañas y montañas de polvo de acería que iban creciendo conforme evolucionaba la tecnología anticontaminante de los filtros. La adversa coyuntura económica y la nula conciencia ecológica de la época obligó a las empresas "a abandonar estos residuos en la fábrica y, en el peor de los casos, a echarlos en algunos de los 650 vertederos incontrolados que tenemos censados", afirma Larrinaga.La planta Aser, SA, se construyó con subvenciones del Gobierno vasco para tratar los polvos de acería españoles. Según Néstor Goikoetxea, gerente de Aser y ex viceconsejero de Medio Ambiente del Ejecutivo autónomo, cuatro años después de su puesta en funcionamiento, "el 70% de lo que reciclamos", dice, "proviene del mercado europeo". Y agrega: "Las empresas no tienen justificación alguna para no tratar sus polvos".

Larrinaga incide en esta visión: "Aser importa polvos porque las acerías de su entorno no los quieren reciclar y porque los países europeos con legislaciones sobre medio ambiente más restrictivas, como Suecia y Dinamarca, impiden el vertido de esos residuos incluso en vertederos de seguridad. Vamos a intentar convencer a los empresarios para que sometan esos polvos a tratamiento. Buscaremos fórmulas como las subvenciones o una moratoria para la aplicación de la normativa con el fin de priorizar el reciclado, en vez de apostar por los vertederos controlados. No queremos tomar medidas coercitivas, pero tampoco vamos a eludirlas si realmente son necesarias".

Los empresarios del sector han anunciado su intención de cumplir la nueva regulación. "A nosotros tampoco nos gusta contaminar", afirma un portavoz de Acenor. "Sabemos que dejar los residuos a las puertas de la fábrica no es el mejor sistema, pero es el más barato. ¡Que nos den una subvención y seguro que llevamos el polvo a Aser!". Fuentes de Siderinsa han asegurado a este periódico que trabajan desde hace año y medio con la empresa Técnicas Reunidas, SA, en un proyecto de construcción de una planta de reciclado a partir de métodos electrolíticos.

Un producto final puro

Las mismas fuentes añadieron: "Con este sistema obtendremos un producto final puro. Las briquetas que produce Aser sólo tiene un contenido de zinc del 54% y, además, es más barato". Ante tales afirmaciones, los ecologistas advierten del peligro de este método: "El agua utilizada en este proceso queda contaminada por ácidos y por restos del metal pesado que se pretende obtener".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 06 de julio de 1991.

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