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Entrevista:

"No podemos ser poetas de salón"

Barcelona
Lawrence Ferlinghetti es -y ha sido desde los años 50- poeta, pintor, librero y figura importantísima de la generación americana conocida como la "Beat Generation". A principios de los años 50 fundó, juntamente con Peter D. Martin, City Lights, una revista desde la cual dieron impulso a la primera librería dedicada exclusivamente a libros de bolsillo. Ferlinghetti, recorre estos días España. En Barcelona, Madrid y Alcalá de Henares leerá sus poemas para demostrar que él, a sus 71 años, y su poesía siguen vivos en el espíritu de los 90.

Pregunta.- Usted fue uno de los iniciadores de la poesía recitada, dirigida a un gran público, que rompía con la tradición intimista de principios de siglo.. .Respuesta- No, no. Esa es una tradición popular americana, la tradición de Whitman y de Sandburg. La poesía debe comunicar con la gente, este no es momento para una poesía minoritaria. Es un lujo que no podemos permitirnos mientras contemplemos como arde Roma. Son demasiados los poetas que sólo musitan por lo bajo. La poesía debe ser inteligible para el hombre de la calle. Eso es lo que Ginsberg logró con Howl, en 1955.

P.- Pero, ciertamente, las circunstancias han cambiado mucho. Los años noventa...

R.- De ningún modo, la situación actual es muy semejante a la que vivimos antes de 1950, antes de la revolución poética de San Francisco. No podemos conformarnos con ser poetas de salón. Se escribe mucha poesía sobre la poesía, mucha poesía sobre el lenguaje y naturalmente, nos lamentamos -como ha hecho recientemente la revista Atlantic Monthly- de la desaparición del público que lee poesía. El público desaparece porque los poetas no le dicen nada importante.

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P.- ¿De modo que cree necesarlo volver a la poesía política?

R.- Claro que hay que escribir poesía política. Y también poesía intimista, privada. El poeta debe ser capaz de saber qué es el hambre, la pasión. Mucha de la gran literatura contemporánea proviene del tercer mundo y de Latinoamérica. Los intelectuales blancos americanos han perdido el sentido de la revolución. Con la salvedad de las mujeres: el movimiento de mujeres en EE UU es más articulado que en cualquier otra parte. Y la gente de color también tiene mucho por lo que luchar.

P.- ¿En los años 50 eran ustedes conscientes de la revolución que se estaba produciendo?

R.- Esos fueron los años de la contra cultura. Los años de Kerouac, de William Burroughs, de Ginsbert... Logramos acabar, en cierto modo, con la era McCarhy, con la persecución La gente consideraba a los beat como un grupo de escritore "grotescos" (freaks), pero fueron los mismos poetas quienes se otorgaron ese calificativo. Así iban contra corriente. Yo me vi asociado a ellos porque era yo quien les publicaba los libros, pero en realidad yo era relativa mente conservador. Hasta 10 años después del Fin de la guerra no se produjo el cambio que sa cudiría al pueblo americano. Ese fue el fin de la inocencia americana, remachado por el asesinato de Kennedy.

P.- ¿Cree que la reciente guerra ha sido otra manifestación de esa política nefasta?

R.- La maquinaria propagandística americana es extraordinaria. Se diría que todo el mundo estaba de acuerdo con la administración Bush, pero es que cualquier disensión ha sido silenciada por los medios de comunicación.

P.- Usted renovó algunas estructuras poéticas: el verso libre, la línea espaciada sobre la página, ¿qué influencias recibió?

R.- Llevábamos a la poesía la forma abierta que ya existía entre los pintores de la escuela neoyorkina en los años 50 y 60: De Kooning, Motherwell, Kline. Ellos empezaron la action painting y nosotros buscábamos la pintura en la distribución del poema en la página.

P.- Pero esos pintores eran abstractos y en su poesía hay grandes dosis de realidad...

R.- La poesía busca una presentación realista de hecho de verdad, pero puede emplear técnicas abstractas. El poeta debe ser como una cámara fotográfica.

P.- Usted se dedica actualmente a la pintura.

R.- Siempre he pintado, pero ahora prefiero la pintura. Ya pintaba cuando estudié en París. Y mi pintura actual es como mi poesía: a veces lírica, pero otras veces comprometida, política. Mire: este es un cuadro reciente y lo he titulado Cest la guerre: muestra dos soldados deinudos, solo con el casco, el uno frente al otro, con el pene erecto. Y este otro, con un mapamundi al fondo y la mancha azul sobre América y las franjas rojas que se extienden sobre el mundo es la bandera inacabada de los Estados Unidos.

P.- Usted había residido en España...

R.- En Nerja, en 1965. Viví allí durante cinco meses. Algunos de mis antepasados eran de orígen español: la familia de mi madre abandonó España bajo la Inquisición y huyó a Portugal. Y de Portugal pasó a Niza, y a Alsacia y a Dinamarca. Y de allí a las Islas Vírgenes, a Saint Thomas. Nos llamamos Mendes Monsanto, y mi abuelo materno escribió un libro para aprender español. Lorenzo Monsanto es el nombre que Kerouac me dio en una de sus obras. Y Lorenzo se llama mi hijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de mayo de 1991

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