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Crítica:

Los peligros del matrimonio

Te amaré hasta que te mate (I love you to death)

Dirección: Lawrence Kasdan. Guión: John Kostmayey. Productores: Jeffrey Lurey y John Moler. Intérpretes: Kevin Kline, Tracey Ullman, River Phoenix, Joan Plowright, William Hurt. Estreno en Madrid, cines Rex, Ideal, La Vaguada, Alexandra (versión original)

Lawrence Kasdan es un cineasta creativo, pero también sabe adaptarse a la realidad del mercado cuando sus películas no funcionan económicamente como él desearía. Así, después de la acogida tibia a El turista accidental -una obra espléndida, por otra parte- y tras examinar los éxitos más sonados de la última temporada, se convenció de que el público prefiere las comedias. Por esa razón, sin duda, decidió hacer una.

Te amaré hasta que te mate es una obra grotesca, con derivaciones macabras en las que la vida cotidiana está continuamente presente.

Al comienzo del filme, se advierte al espectador que la historia se basa en hechos reales, con mínimas transformaciones, aunque eso carece de importancia, porque lo fundamental, a la larga, no es el origen de los hallazgos narrativos, sino la manera concreta de recrearlos en la pantalla. Kasdan cuenta esta historia de amor loco y venganzas disparatadas (cuyos diálogos son casi siempre justos y oportunos), con humor y complicidad. Ya el espléndido prólogo en el confesionario marca el tono irreflexivo e irresponsable del protagonista, con una secuencia en la pizzería -mientras desfilan los títulos de crédito- absolutamente inmejorable. El resto es inferior, sin duda, pero contiene bastantes momentos en los que se puede apreciar cómo Kasdan estíralas escenas, aunque en el último tercio se recupera el ritmo apreciablemente.

Te amaré hasta que te mate es un filme con muchas caras, desde la más evidente -el costumbrismo exagerado, los emigrantes típicos y excesivos- a la más oculta, en la que hay intenciones críticas muy variadas. La más importante, quizá, es la aguda sátira contra los católicos tradicionales, que se confiesan frecuentemente, pero no dejan de pecar; machistas, sensuales y atrapados por la mamma. El director se mueve en el tópico más cruel y epidérmico como pez en el agua, gracias a su sabiduría para armonizar ingredientes tan diversos y a la ayuda inapreciable que le presta un conjunto de actores excepcionales, capaz de salvar a sus personajes de convertirse en seres planos y sin humanidad.

Divertido

El relato es divertido y, a ratos, muy eficaz, animado por la habilidad del director para recrear una historia de enredo y pasiones excesivas, dentro de un marco narrativo poco apropiado a su estilo. El filme está muy inspirado, sin la menor vergúenza, en otras obras cinematográficas recientes (el tono parádico de Hechizo de luna, el personaje desgarrado del mismo Kevin Kline en Un pez llamado Wanda, la función destructora y vengativa de la mujer en Drowning by numbers ... ), pero todo eso no invalida los logros de Kasdan, sino que constituye una prueba indiscutible de su habilidad profesional. Los actores están muy bien -especialmente Kline, que vive una madurez profesional indiscutible, que le permite interpretar los personajes más dispares-, y, aunque la narra ción encierre un mensaje desca rado, al estilo de las viejas obras de tesis, al estar arropada por sonrisas y carcajadas, se acepta mejor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de septiembre de 1990

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