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"Se me acabó la palabra"

A las 23.30 del jueves, envuelto en una bandera en la que en letras negras estaba escrita la palabra paz, llegó al Congreso el féretro con los restos de Carlos Pizarro León Gómez. En el patio Mosquera, a los pies de la estatua del general Tomás Cipriano Mosquera -un liberal radical del siglo pasado-, fue colocado el ataúd. Permanecerá allí hasta hoy a las diez de la mañana (cinco de la tarde hora peninsular española). Luego se realizará su entierro, que será como quieren sus seguidores: "Una gran marcha por la paz". El deseo de colocar la capilla ardiente de Pizarro en un salón de la quinta de Bolívar no se pudo realizar. Las autoridades afirmaron que el lugar no ofrece garantías.Una larga y lenta marcha que duró más de cinco horas acompañó al líder asesinado desde la clínica Santa Rosa, donde falleció el jueves a las once de la mañana, hasta el Capitolio nacional. En la plaza de Bolívar, a la entrada del Congreso, muchos simpatizantes del M-19 esperaban al cortejo fúnebre. Allí, refundido en medio de un grupo de guardaespaldas, estaba Rafael Pardo, el economista de 35 años que, como asesor presidencial para la paz, concretó con Pizarro el acuerdo de desmovilización del M-19. Con los ojos enrojecidos por las lágrimas, con los brazos cruzados y en silencio, Pardo vio pasar el ataúd con el cadáver de su amigo. "Se me acabaron las palabras", fue lo único que quiso comentar a EL PAÍS.

¿Qué va a pasar con el M-19? El presidente Barco prometió garantías para que este movimiento pueda inscribir un nuevo candidato a la presidencia. Unos creen que éste es el camino correcto. Pero otros sienten miedo. ¿No será que este crimen es el comienzo de una campaña de exterminio? Y si es así, ¿tiene sentido nombrar a un nuevo candidato? Antonio Navarro, nuevo jefe del M-19, habló el jueves por la noche por televisión. Con voz triste, el legendario guerrillero dijo que no quería hablar de elecciones ni de política. Pero añadió que el M-19 no volverá a las armas ni a la clandestinidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 28 de abril de 1990