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Reportaje:LA DERROTA DEL SANDINISMO

Violeta Chamorro: "Aquí mando yo"

La presidenta electa de Nicaragua explica cómo y porqué ha derrotado al Frente Sandinista

Violeta Barrios de Chamorro protagonizó una sorpresa electoral histórica al convertirse el pasado día 25 en presidenta electa de Nicaragua. La antonomásica viuda de Managua derrotó por 54% a 41% al candidato sandinista, el presidente Daniel Ortega, cuando todos los encuestadores daban, punto arriba o abajo, ese resultado pero al revés. Violeta, como se la conoce universalmente en su país, es la foto robot de un desespero, la depositaria de un recuerdo, el de su marido, Pedro Joaquín Chamorro, asesinado en 1978 por la dictadura somocista. Por ello, la presidenta resultaría incomprensible si la viéramos sólo como una nueva imagen de marca política.

M. A. BASTENIER, ENVIADIO ESPECIAL, Doña Violeta se casó muy joven con un prócer en ciernes, que sería director y propietario de La Prensa, el gran diario nicaragüense, que batalló toda su vida y con su vida contra la dictadura de los Somoza; tuvo cuatro hijos, que hoy se hallan repartidos por mitades entre la UNO, la heterogénea coalición que la ha llevado al triunfo, y el Frente Sandinista, en el poder durante los últimos 10 años; la ya abuela y matriarca acompañó en todo y por todo a Pedro Joaquín en una encarnación de esa amena teoría de que detrás de cada gran hombre se halla siempre una mujer; hoy, en cambio, no faltan los nicaragüenses que tratan de ser precisamente el hombre que se halle tras de doña Violeta, sin duda ella también una gran mujer.Esa insólita capacidad que tiene el ser humano de predecir el pasado permite afirmar hoy que lo que le falló al sandinismo fue el voto más humilde, el de los presuntos beneficiados por la política del Frente. Esa gente sencilla es la que habla con mayor entonación y arrobo de doña Violeta, a la que califica de "guapísima, toda una señora, preocupada de los necesitados", quienes, por otra parte, cada día tienen mayor peso demográfico. La viuda de Chamorro adopta una actitud decididamente beligerante cuando parece insinuársele que esa telegenia espiritual ha contribuido fuertemente a su triunfo: "Me han votado porque tienen fe en un cambio profundo sobre 50 años de somocismo y 10 de sandinismo". Y el tono escala hasta el reproche cuando añade: "Y yo acepto ese voto, consciente de mi responsabilidad. Porque, sabe usted, esto no es un - iuego".Votar para comerDoña Violeta está segura, al contrario, de que ella es el único presidente de verdad que ha tenido Nicaragua desde la caída de Somoza, en 1979, porque las elecciones de 1984, que ganó Ortega, "no fueron auténticas, pues entonces se votó al Frente para poder comer, y se les tenía que sellar una tarjeta celular que servía para el racionamiento. Un papelito blanco, que lo debo de tener todavía, por ahí, sin cuyo estampillado la gente tenía miedo de quedarse sin comer". Ahora también se ha votado para comer, dice la presidenta, pero las circunstancias son muy distintas, porque Ia fibra de frijoles siempre había sido mucho más barata aquí que en Costa Rica, y, no recuerdo cuánto vale, pero ahora nos cuesta mucho más cara que a los ticos. Por eso el grito de mi campaña ha sido: 'Tenemos hambre, queremos amnistía, tortillas más baratas, fuera el servicio militar', y todo eso lo vamos a cumplir. Ahora la gente ha perdido el miedo y ha votado "libremente".

La campaña, en la que ha derrotado a lo que califica de "dictadura sandinista", es un tema que reanima particularmente la doliente figura de la presidenta, que debe sostener la entrevista apoyando en un escabel la pierna escayolada debido a una caída que sufrió semanas antes de las elecciones. "Ortega hizo una campaña trayéndose a un asesor de Ecuador, que, váyase a saber cuántos millones costó, y su único eslogan ha sido: 'Ahora todo será mejor', que no lo han quitado todavía porque les debe dar vergüenza. Su campaña se reducía a regalar cosas, máquinas de fotografiar y camisetas, que son muy caras, y yo le decía a la gente, vayan y cójanlas, no tengan miedo, que con eso no pierden nada". Junto a los comentarios de índole personal que miman a doña Violeta, ni siquiera sus partidarios, sin embargo, la presentan a una luz política particularmente intensa: "Ya sé que dicen que soy completamente analfabeta, pero no me importa, por un oído me entra y por el otro me sale; yo mando en la UNO, y nadie me dice lo que tengo que hacer. Todo lo que se diga sobre si manda éste o el otro es una tontería. A mis ministros los nombraré yo, probablemente la semana próxima, cuando vuelva de Houston, adonde voy el día 9 para que me vean la pierna. Sólo trato de ayudar a mi patria mejor de lo que lo hicieron ellos, que trataron de comprar al pueblo con una regalía. Aquí la única que manda soy yo, Violeta Barrios de Chamorro".

Las comparaciones con la primera autoridad filipina, Cory Aquino, también viuda antes que presidenta, o con la líder paquistaní, Benazir Bhutto, antes hija que jefa de Gobierno, no son válidas, sin embargo, para la monarca de los Chamorro. "No soy conservadora ni progresista, soy Violeta. No puedo compararme a ellas porque no vivo en sus países y no sé cuál es su política. Además, yo no milito en ningún partido, aunque admiro a Sandino, el líder histórico de nuestra lucha. ¿Ha visto usted algún monumento a Sandino en Managua? No lo hay porque ellos no respetan nada. No hay más que ver cómo tienen el parque que lleva el nombre de mi marido, Pedro Joaquín Chamorro, que da pena verlo. No respetan nada".

Ese individualismo casi posesivo de la presidenta hace que se oponga a que la UNO, coalición sólo definida por el antisandinismo, que va desde el conservadurismo histórico hasta el marxismo-leninismo con denominación de origen, se convierta en un solo partido. "La UNO no tiene que cambiar de como es ahora, una coalición de partidos, cada uno con su personalidad propia. Y con nuestro Gobierno van a seguir unidos, pero sin unificarse entre ellos". Según las cuentas de la presidenta, la UNO no lo necesitaría, puesto que, como coinciden los encuestadores del pasado, han tenido que ser muchos los sandinistas que hayan votado por ella a partir de su descontento con el Frente: "Como el fotógrafo que le acompaña, que yo sé que es sandinista y sin embargo me ha votado a mí".

En estas fechas, comisiones de la oposición y del Frente negocian la transición hasta el 25 de abril, y el consenso es el de que lo que muchos llaman conquistas sociales del sandinismo se mantendrán con el nuevo Gobierno. Doña Violeta reconoce que el Frente hizo algunas cosas: "Pero si una mira política; los sandinistas hicieron la alfabetización, pero siempre basada en el endoctrinamiento. Hacían como en Cuba, obligando a la gente a abandonar sus ranchitos, sus puerquitos, su forma de vida, para venirse a Managua, donde nada les esperaba. Ésa es la razón principal para que mucha gente se fuera de Nicaragua: la mira política; porque, sabe us-ted, no se puede hacer la alfabetización con un fusil en la mano. Nosotros, en cambio, ayudaremos a los que lo necesitan, pero sin paternalismos, porque somos gente buena".

En una tierra de 'Balcanes' y volcanes

En la tierra de los volcanes nicaragüenses, doña Violeta Chamorro es una notable irrupción de la naturaleza; en la tierra de los Balcanes centroamericanos, una fuerza para la reconciliación. Es verdad adquirida que el poder tras el trono lo disfruta por el momento Antonio Lacayo, casado con Cristiana, hija de doña Violeta y directora del diario La Prensa. Y parece evidente que la viuda de Pedro Joaquín Ciriamorro se siente molesta ante esa presión que la designa poco menos que como elemento decorativo de un proyecto que supuestamente la desborda. Ello, unido a su sinceridad, convencimiento y, capacidad de sintonía con. un amplio sector de la sociedad, hacen prematuro considerarla un mero producto estacional.Su discurso no es político, en el sentido retórico del término, y tampoco demagógico, porque carece de biología para ello. Es, en cambio, un obús autopropulsado, con algo del carácter de lo preindustrial, el paternalismo persuadido de sí mismo de otro tipo de sociedad. Ha sido tan eficaz en la campaña porque ha reflejado el negativo de las aspiraciones irrealizadas del Frente. Así, doña Violeta le da una coherencia a la coalición opositora, que sin ella sería tropa dispersa y enfrentada. Razonablemente, la primera dama de sí misma prefiere que se mantenga la UNO como una geometría de muchas caras, porque sobre esa diversidad puede navegar mucho mejor que sobre un único partido estructurado.

Su lenguaje, duro en la letra, encierra, sin embargo, una finura que es buena consejera. En el colofón de la entrevista, a la pregunta de qué opinaba sobre las declaraciones del presidente González en las que consideraba probable la victoria del Frente, respondió con buen talante que "estaba segura" de que el gobernante español "ya cambió de opinión, porque me envió inmediatamente un telegrama de felicitación. Y espero que España seguirá ayudándonos a nosotros, como lo hizo antes con los sandinistas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 1990

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