Editorial:Editorial
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Los europeos opinan

SONDEOS como el que publica hoy EL PAÍS revelan por sí solos la naturaleza de los cambios operados en el último año en Europa. Por primera vez, en efecto, se ha indagado conjuntamente la opinión (le los ciudadanos de países del este y del oeste del continente sobre las mismas cuestiones. Tenemos así un cuadro que permite dar una primera respuesta a la pregunta, decisiva con vistas al futuro europeo, de si existen corrientes comunes de pensamiento, reacciones concordantes ante los grandes problemas que todos los ciudadanos de Europa hemos de afrontar juntos. Los resultados del sondeo dan una respuesta positiva: no aparecen rasgos diferenciales netos entre las actitudes del Este y del Oeste, y, por el contrario, se perfilan actitudes coherentes en el ámbito paneuropeo sobre temas fundamentales.En primer lugar, sobre el problema que está hoy en cabeza de lista en la agenda de Europa: la unidad de Alemania. El sondeo refleja un consenso sorprendente a favor de tal unidad, incluso en países que han sufrido mucho en el pasado por la ocupación nazi: en Francia, sumando los que son muy favorables y bastante favorables, se alcanza el 68%. Las cifras son superiores o parecidas en Italia, el Reino Unido y España. En el Este, la actitud húngara es semejante a la occidental, y en la URSS hay un 51% de opiniones favorables. La excepción es Polonia, con sólo 26%, a favor y 64% en contra. En todo caso, la encuesta confirma algo fundamental: que la unidad de Alemania no causa trauma en la conciencia europea, que es acogida bastante favorablemente.

Sobre otro gran interrogante aporta el sondeo datos de sumo interés: las consecuencias de los cambios en el este de Europa. La muerte del comunismo es el hecho que se desprende con más nitidez, con porcentajes de rechazo aplastantes en Hungría y Polonia. Sólo en la URSS permanece aproximadamente un tercio de opiniones positivas sobre el comunismo. En la respuesta dada a la cuestión eminentemente política de hacia dónde se inclinan las simpatías de los ciudadanos de la otra Europa destaca un dato claro, válido igualmente para Occidente: la socialdemocracia es la corriente política que obtiene la mayor simpatía de los consultados. Si bien con ciertas matizaciones, como la preferencia, en materia económica, por la acción de los Gobiernos conservadores o liberales. La consulta sobre el capitalismo es significativa, pese a la vaguedad del término: las reacciones más positivas se dan en el Este, sobre todo en Polonia, con un 42%.

En el momento en que el este europeo entra en una vida política pluralista -y quizá también la URS S en un plazo no lejano-, el sondeo permite vislumbrar la posible distribución de las fuerzas políticas en los futuros Parlamentos: en Hungría, el predominio socialdemócrata es más neto, mientras en Polonia los liberales y los democristianos siguen de cerca a los socialdemócratas. Sólo en la URSS los comunistas conservan un 30% de simpatías, y eso cuando el término comunista engloba actitudes bastante dispares. Es notable que en la URSS y en Hungría los verdes reciban el 17% de los hipotéticos votos; de nuevo un rasgo homologable con lo que ocurre en Occidente.

Al lado de sus grandes méritos, el sondeo presenta un cuadro quizá demasiado optimista sobre las fuerzas políticas que apuntan en las nacientes democracias del Este. Por ejemplo, los nacionalismos aparecen reducidos a la mínima expresión, cuando es obvio que hay rebrotes fuertes de ese fenómeno y que puede ser uno de los problemas más complejos en la Europa del inmediato futuro. Pero la encuesta en su conjunto tiene una riqueza de datos impresionante; es un primer paso para poner de relieve una esencia europea común que estamos recuperando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de febrero de 1990.

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