INVASIÓN EN PANAMÁ

El 'agente' Noriega

El juicio del general Noriega puede dejar al descubierto su relación con la CIA

ALBERT MONTAGUT, El general Manuel Antonio Noriega sabe demasiado. Ésta es al menos la impresión que se tiene en Estados Unidos, donde se teme que el juicio del hasta hace poco hombre fuerte panameño pueda dejar al descubierto algunos trapos sucios del Gobierno norteamericano. George Bush, sin embargo, dice que no tiene miedo de las denuncias que pueda formular Noriega en un eventual juicio, pero su fotografía junto al general panameño, cuando ambos eran los jefes de los servicios de espionaje de sus respectivos países, no le beneficia en absoluto.

Existen informaciones oficiales que demuestran que Noriega trabajó para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) mientras Washington conocía perfectamente las vinculaciones de tipo comercial que el general mantenía con los narcotraficantes colombianos.Washington también sabía que Noriega era un déspota mucho antes de que los marines encontraran cocaína, dinero en efectivo, fetiches, una foto de Hitler y material pornográfico en uno de sus refugios panameños.

Un informe de uno de los subcomités de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, fechado el pasado mes de abril, un mes antes del pucherazo del general Noriega, señala que la Administración del ex presidente Ronald Reagan conocía las actividades del general. El informe señalaba, asimismo, que la CIA también tenía constancia de sus escaramuzas.

Colaboración

William Casey, el director de la agencia durante el proceso del Irangate, declaró que la relación del general Noriega con los narcotraficantes no se denunció porque el general panameño "facilitaba una valiosa ayuda" en la política de EE UU ",en América Central y en especial en Nicaragua". Casey murió el 6 de mayo de 1987 y se llevó a la tumba muchos secretos sobre Noriega.

La conexión norteamericana de Manuel Antonio Noriega se inició hace mucho tiempo, antes de que el general se convirtiera en la bestia negra del presidente George Bush. Ahora su pasado podría servir al militar panameño, que se refugió en la nunciatura de la capital, para involucrar en su juicio a la Administración estadounidense.

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Dos jueces de Tampa y Miami, en el Estado de Florida, le acusan de narcotráfico, de blanquear el dinero de los barones de la droga de Colombia y de aceptar sobornos.

George Bush, por su parte, se ha apresurado a declarar que no teme el juicio de Noriega, ni tampoco lo que el general pueda declarar para no hundirse solo. "El sistema [judicial norteaniericano] funciona y las cortinas de humo no le servirán de nada", ha declarado el presidente.

Noriega y Bush se conocieron en un almuerzo celebrado en Washington en 1976. El actual presidente norteamericano dirigía en aquel momento la CIA y el general estaba al mando de los servicios de espionaje panameños.

El general Noriega estaba considerado entonces como uno de los mejores especialistas en espionaje del continente americano. Se le conocen relaciones con Managua y La Habana y al mismo tiempo su presencia en el esquema ideado por Oliver North para suministrar armas a la contra parece más que probado.

La relación de Noriega con los norteamericanos viene de lejos. En uno de sus muchos viajes a Estados Unidos visitó Fort Bragg, en Carolina del Norte, donde llevó a cabo con éxito un cursillo de psicología militar.

En aquella época, ni Noriega ni los propios militares norteamericanos podían imaginar que soldados entrenados y equipados en Fort Bragg serían los que le derrocasen del poder en Panamá.

Richard D. Gregorie, que en el año 1988 dirigió una investigación judicial sobre Noriega y que se dedica a la abogacía privada desde el pasado mes de enero, ha declarado que nunca consiguió la autorización para acceder a los documentos sobre Noriega que están en poder del Pentágono o la Agencia Central de Inteligencia.

Una vieja relación

Según Gregorie, cuando solicité a la CIA información sobre el general Noriega de forma reiterada, los funcionarios de la agencia le entregaron una carpeta con recortes de periódicos referidos al general y otros materiales de escaso interés. Gregorie cree que la relación entre Noriega y Washington se inició a principios de los años setenta.

Este investigador afirma que Noriega, jefe absoluto del servicio de espionaje panameño -el G-2-, recibió dinero procedente de la Agencia Central de Inteligencia por sus informaciones a las agencias norteamericanas sobre Cuba y operaciones militares én América Central.

Lawrence Barcella, un fiscal federal que logró procesar a un ex jefe operativo de la CIA, Edwin P. Wilson, cree que la CIA jamás revelará su relación con el general Noriega, porque la agencia preserva los nombres de sus contactos del mismo modo que hace con sus operaciones.

Pero Noriega aún no ha caído en las manos de sus antiguos amigos. El general continúa encerrado en la Nunciatura de Panamá. El Vaticano le protege y la legislación panameña impide su extradición a Estados Unidos. El presidente Bush sigue reclamando su envío a Miami y sigue asegurando que no le teme.

Los tribunales de justicia de Miami alegan que Noriega, el hombre que sabe demasiado, ha recibido más de 4,6 millones de dólares (unos 500 millones de pesetas) procedentes de los narcotraficantes colombianos, mientras que en Tampa le acusan de haber aceptado sobornos por valor de un millón de dólares. Ahora la cuestión no es probar esas acusaciones sino detener al sospechoso y sentarle en el banquillo de los acusados.

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