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LA LUCHA CONTRA LA DROGA

Los narcoterroristas colombianos se ceban en el diario 'El Espectador'

El diario El Espectador fue de nuevo víctima del narcoterrorismo. Dos empleados de este periódico liberal, que se ha convertido en el símbolo de la lucha contra el flagelo de la droga, fueron asesinados el martes. Marta Luz López, de 35 años, y Miguel Soler, de 46 y padre de cuatro hijos, fueron las nuevas víctimas. La primera era gerente administrativa de El Espectador en Medellín, y Soler, jefe de circulación de la misma oficina.

Mientras las autoridades colombianas adelantaban un gran operativo de seguridad en busca de los autores de estos crímenes, a las ocho de la no che fue asesinado al oeste de esa ciudad el periodista Roberto Sarasty. Era propietario de la revista El reportero democrático y jubilado del Senado de la República.Los asesinatos de los empleados de El Espectador fue ron cometidos casi simultáneamente. Marta Luz López fue acribillada a mediodía por dos hombres que le dispararon cuando se disponía a salir de su residencia, en el exclusivo sector de El Poblado. Miguel Soler recibió en su casa la noticia de la muerte de su compañera. "¿Qué vamos a hacer ahora?", comentó preocupado y dolorido y salió rápidamente hacia las oficinas del periódico. Pocas calles después fue acribillado por dos hombres que viajaban en una moto.

Los nombres de Marta Luz López y Miguel Soler se suman a la larga lista de víctimas que le ha costado al diario colombiano El Espectador su posición frente al narcotráfico. Los primeros en caer fueron dos corresponsales que trabajaban en ciudades donde hace unos años era fuerte el negocio de la droga. Su director, Guillermo Cano, fue asesinado en diciembre de 1986; Héctor Giraldo, abogado y periodista, en marzo de este año, y Guillermo Gómez, periodista, cayó bajo las balas de los sicarios el pasado 16 de septiembre en la ciudad de Buenaventura.

En el tiempo que lleva esta guerra que el Gobierno colombiano declaró al narcotráfico y que, a su vez, el narcotráfico declaró al Estado colombiano, El Espectador ha sufrido dos atentados. El 2 de septiembre último, los bogotanos despertaron por una fuerte explosión. Unos 55 kilos de explosivo destruyeron gran parte de la sede principal del periódico.

A través de llamadas anónimas, los extraditables se adjudicaron los crímenes del martes. Notificaron además que no querían ver circular el periódico ni en la ciudad de Medellín ni en el resto de la provincia de Antioquía. "El periódico seguirá adelante. No vamos a claudicar, pues el día de mañana podría tocarle a otro medio", fue la respuesta de los directivos del rotativo. El Espectador seguirá circulando en todo el país, y la oficina en Medellín, donde trabajan 12 personas entre periodistas y personal administrativo, continuará sus labores.

Medidas de seguridad

Ayer, al igual que en la sede central en Bogotá, se reforzaron las medidas de seguridad. "Continuaremos trabajando. Cerrar una de nuestras oficinas sería darle gusto a los narcoterroristas", dijo un periodista de esa casa editorial a EL PAÍS.

Ana María Busquets, viuda de Guillermo Cano, sin embargo, afirmó ayer en Valencia que el diario está estudiando dejar de salir a la calle si no se garantiza la seguridad de sus periodistas y trabajadores, informa Adolf Beltran. "Acabo de hablar con Colombia", dijo Ana María Busquets, "y El Espectador está planteando exigencias al Gobierno relativas a la seguridad. En el caso de que no se puedan cumplir, creo que no habrá más remedio que cerrar porque la ideología del periódico no se puede cambiar".

[La policía colombiana detuvo ayer al presunto jefe del narcotráfico en la costa atlántica, José Rafael Abelló, cuya extradición ha sido solicitada por EE UU, informa France Press].

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de octubre de 1989

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