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Entrevista:

Lola Gaos: "Los directores me encasillan en papeles de mujer mala"

La Semana de Cine de Autor de Málaga ha homenajeado a la actriz

La XVII Semana Internacional de Cine de Autor de Málaga ha dedicado un ciclo a Lola Gaos en el que se han proyectado tres de los más significativos títulos de nuestra veterana y entrañable actriz: Viridiana, Sonámbulos y Tristana. La actriz, después de una larga carrera profesional en el cine, se duele de que los directores sólo piensan en ella para papeles de mala y perversa.

La personalidad Lola Gaos es opuesta a la imagen que la ha hecho célebre en la pantalla. Dinámica y vivaracha, su expresión y sonrisa alimentan la justificada sospecha de que pudo haber interpretado en la pantalla una amplia galería de personajes. Humilde, sincera y sin pelos en la lengua —ella misma se define como una persona incómoda—, saca a relucir de cuando en cuando el genio que guarda su recio carácter. Nacida en Valencia, Lola Gaos llegó a Madrid en 1943 en plena juventud, con el propósito de ganarse la vida como actriz, frustrada su ilusión de hacerse médica. La dura supervivencia en la posguerra española le aportó una experiencia vital en aquellos tiempos difíciles. Hermana del filósofo José Gaos, de los poetas Alejandro y Vicente Gaos, confiea escribir poesía en la intimidad de su hogar. Después de tantos años de vida profesional sólo tiene una pena: no haber sido llamada para hacer otros papeles que no fueran los de malvada criada —siempre la misma, se queja—, o de bruja, como casi grita con rabia.

Pregunta. ¿Recuerda sus comienzos en el cine? Respuesta. La primera frase que dije en el cine fue en una película que se titulaba El sótano. Después llegó mi primer pequeño papel en la película de Bardem y Berlanga Esa pareja feliz. Pero luego tuve que esperar 30 años para hacer mi primer papel protagonista en Furtivos, de José Luis Borau. Más tarde, en Dios bendiga cada rincón de esta casa, de Chumy Chúmez

P. ¿En qué modo ha influido su peculiar voz en su carrera?

R. Mi voz me ayudó en el mismo sentido que mi físico. Yo siempre he tenido una voz muy grave, muy especial, y ahora la tengo mucho peor desde que tuve el accidente y me quitaron una cuerda. Imagino que ése ha sido uno de los factores que contribuyeron a que me dieran papeles para interpretar personajes que tenían más edad que yo, muy siniestros, dramáticos y raros.

P. ¿Por qué hace siempre papeles tan antipáticos?

R. Hay que diferenciar mi trabajo en el cine y en el teatro. En el teatro no miran si eres guapa o fea. En él he hecho papeles importantes. En el cine he interpretado muy bien mis papeles de antipática. Y pienso que si los papeles los he hecho muy bien, debería suponerse que soy también buena para hacer otras cosas. Al menos deberían haberme dejado intentarlo.

Encasillada

P. ¿Se considera víctima del encasillamiento? R. Sí. A veces, los directores y los productores son cortos de vista, y por ello el problema del encasillamiento del actor continúa existiendo hoy día. Recuerdan, por ejemplo, que yo en el cine nunca sonrío, y cuando lo hago es con una sonrisa malvada. Tienen la manía de que yo tenía que ser una mujer mala, rara, perversa, retorcida...

P. Su personalidad rebelde, independiente, y su fama de activista, ¿le han llevado a pertenecer a algún partido político?

R. Nunca he querido militar en ningún partido, pero he colaborado con todos los partidos políticos de izquierdas.

P. Y su fama, ¿ha ido unida al bienestar económico?

R. Dinero, he ganado lo justo para vivir y criar a mis hijos; necesidades no he pasado. Pero nunca me ha sobrado un duro. Ahora vivo con la jubilación. No me sobran los duros. Primero, porque tampoco me han pagado tanto como la gente se figura, y no he trabajado tanto como podría parecer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de mayo de 1989