Raíces y formas
Los lunes del Centro Cultural Galileo, donde se presentan los grupos menos rodados dentro de la programación del Madrid en danza, están deparando más de una sorpresa agradable. Después del exuberante Dinamo, esta semana se ha podido ver a Ziradanza, un quinteto de bailarines que es todo contención, rigor y mesura, mostrando así los dos polos de atracción más fuertes entre los que se mueve la danza contemporánea.El formalismo de Ziradanza, que dirige la española de origen griego Denise Perdikidis, no parece una herencia del ballet clásico ni una traslación directa del minimalismo americano, sino que se intuye fruto de un trabajo interno de formación específica dirigido al desarrollo del movimiento y de estructuras espaciales y rítmicas: la forma no viene impuesta desde fuera, sino que sale como consecuencia de un proceso. De ahí su aparente naturalidad -especialmente visible en la primera parte, montada sobre tres duettos de cámara de Haendel- y su belleza tranquila.
Ziradanza
Esodia (presentación). Escenografía e iluminación: Javier Navarro. Bailarines: Raquel Marraco, Luis Blat, Gloria Vega, Marianne Früh y Marta Gutiérrez. Coreografía y dirección: Denise Perdikidis.
La segunda coreografía de Perdikidis, sobre una música popular griega de resonancias arcaicas y orientales, no elude las complejidades de los ritmos y, no obstante, vuelve a crear ilusión de simplicidad y autenticidad, en un ejercicio de búsqueda de las raíces de la coreógrafa que logra momentos subyugantes.
El trabajo de Ziradanza -que fue organizado a partir de su participación en el I Certamen Coreográfico de Madrid, en septiembre del pasado año- hace pensar que puede convertirse en uno de los grupos destacados del panorama madrileño.


























































